jueves, 4 de junio de 2009

TIANANMEN ahora - ACTO DE REPUDIO CON SOMBRILLAS CHINAS

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Se cumplen veinte años de la matanza de Tiananmen. Las efemérides se me atropellan por tantas, como las penas de la vieja canción. También es el 40 aniversario de Stonewall y será o fue en algún momento el de la matanza del “13 de Marzo” en la bahía de La Habana.

Recuerdo que en aquellos días, una mañana se acercó mi jefa (que entonces era jefa y amiga, después dejó de ser amiga, más tarde jefa, pero en mi recuerdo sigue siendo ambas cosas en sentido positivo) y me dijo “Debes estar sintiéndote muy mal con todo esto de China, ¿no?” Efectivamente me afectaba. Queda para la posteridad —comprensiva o tergivesadora, pero al fin y al cabo evidente— la imagen del solitario airado, de camisa blanca, pantalón negro y una bolsa en cada mano, frente al tanque militar que encabeza la reacción del poder. Esa misma imagen ha quedado de la Praga comunista y antes de Budapest. También la he visto por el Chile de Pinochet. Sin embargo, ¿la gente, de verdad, la ha comprendido? ¿Son consecuentes con las razones que las motivaron? O ¿son igualmente consecuentes con la similitud que existe entre ellas?

Rosa Mollá, corresponsal de TVE1 en China (después de haberlo sido en Estados Unidos por largo tiempo), a duras penas puede ofrecer el reportaje desde Beijing, mientras asoma y desaparece tras un mar de sombrillas que yo he querido tornar tradicionales chinas en el título de este post pero que en realidad son de las standards, de las de toda la vida y todos los lugares, tal vez sirviendo de analogía con lo que puede suceder en cualquier parte del mundo cuando la sinrazón se apodera de la razón cotidiana del ser humano. Me cae bien Rosa Mollá. Su pelo corto, platinado, redondea su cabeza y su sonrisa, y posee un timbre de voz muy agradable. Maneja con precisión la ironía, y me da la impresión de ser una persona inteligente. La ironía siempre ayuda mejor a comprender la represión.

En el reportaje hay un flashback que lleva a una de aquellas noches en que la multitud desobediente entona La Internacional para un camión lleno de disciplinados soldados sentados a la espera de la orden de sus mandos superiores. En los mandos superiores siempre se pierde la responsabilidad de los actos más horribles, y con apenas un poco de tiempo los mandos pierden toda superioridad para pasar al anonimato, y así se pierde el rastro de la culpabilidad. A menor escala sucede en cualquier país civilizado y hasta en las mejores familias de El Vedado; a gran escala, más grande, más alta, acontece en cualquier circunstancia que va a gravar al hombre de por vida con una mezcla de impotencia, inutilidad, resignación e ira que a muchos ha costado la vida física y existencialmente.

Zhao Zhijang, por entonces mandatario chino, dejó grabadas cintas disfrazadas de ópera china, que fueron descubiertas y se han publicado en un libro que, por supuesto, no se vende en el gran país asiático. Pero nunca más se supo del hombre solitario frente al tanque, tan anónimo que jamás nadie ha sabido con seguridad su nombre.

Mas, al cabo de veinte años todavía se habla de él. Los chinos no son unos guasones. Los pueblos checo, húngaro, chileno, estoy seguro de que tienen sentido del humor. El cubano, por el contrario, se disuelve en el choteo, en la parodia y en un metalenguaje de barrio bajo que a duras penas se comprende. Y el mundo no es ajeno a estas diferencias de proyección. Al menos tienden a confundir. Si uno no hubiera nacido para siempre en esos campos de fresas donde nada es real, muy posiblemente también estaría algo confundido.

© 2009 David Lago González

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Vídeo de RTVE al que hago relación:

http://www.rtve.es/mediateca/videos/20090604/silencio-apodera-tiananmen-veinte-anos-despues/518782.shtml

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