sábado, 8 de noviembre de 2008

Sin palabras (1)

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Lo que se lee por ahí  (comentando El Nuevo Herald)

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SinPalabras

Ya que parece ser que detener el flujo de los nuevos heraldos en línea llegando a mi buzón es un acto que se presenta como difícil de alcanzar, dedíqueme pues a redireccionar la luz de mi atención (focused on) sobre algunos aspectos escritos por el staff (esto del “staff del Nuevo Herald” se lo leí a William Navarrete, que le quedó muy bien, muy fino) del periódico del cubaneo (que ya tampoco puede llamársele “gusaneo”, lo que al menos sería algo definido, porque / pues / pero “esa” humanidad ha dicho basta y ha echado a andar, y de qué modo.)

Una de las cualidades del ser humano que más valoro es la de ser consecuente y coherente consigo mismo. Ese compromiso de consecuencia y coherencia puede incluir los valores personales, los compromisos adquiridos, las decisiones, lo dicho alguna vez, lo escrito alguna otra vez, el derecho y el deber, los errores y los aciertos, las verdades e incluso las mentiras. Creo que hay que asumirlo todo, incluso cosas tan pasadas de moda como el respeto a nuestros muertos (me refiero a los de andar por casa, no al conglomerado de nubes cóncavas y/o convexas en el que se recortan patriotas y demás muertos ejemplares y modélicos).

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Hace unos días “me bajó” el heraldo con este grupo de titulares que he decidido comentar. El primero, firmado por Frances Robles, habla de un sargento de la Guardia Nacional de Washington y veterano de la guerra en Irak, Carlos Lazo, que al parecer “adquirió notoriedad” (supongo yo que en algún barrio de lo que en general se conoce como Miami) por no haber podido visitar a sus hijos en la “isla hermosa del ardiente sol” en el 2008, especulo al leer que la última vez que volvió a Cuba y les vio fue en 2007, y ahora según las leyes de restricción con respecto a los viajes a la isla no le corresponde hasta el 2010. Como sabemos todos los cubanos, existen numerosas maneras para burlar esta restricción y viajar a la Gran Antilla, si se quiere y se tiene el dinero suficiente, diez veces al año. Su deseo (ver a sus hijos) es muy humano y posiblemente ese paquete de medidas restrictivas no comprende mucho este aspecto. Pero esa más que posibilidad estaba ahí, ya existía cuando el Sr. Lazo dejó su país de nacimiento para residir en el de enfrente, que políticamente están enfrentados desde hace medio siglo, y gracias a que llevan 50 años enfrentados él tiene unos privilegios en el país de acogida que le habrán sido beneficiosos para comenzar su nueva vida y que ya quisieran tener otros muchos latinoamericanos. Incluso este señor es veterano de la guerra en Irak, a la que habrá ido voluntariamente (como muchos cubanos isleños fueron a las africanas) pues ya no existe servicio militar obligatorio en los EE.UU., y la escena ha cambiado un poco en comparación con los tiempos de la guerra en Viet Nam. Si ya todo ese cuadro de posibilidades existía cuando el Sr. Lazo (imagino que) voluntariamente partió hacia El Norte, ¿por qué entonces después hace uso del margen de libertad ganado en el cambio para utilizarlo propagandísticamente en beneficio del gobierno del que huyó?

2

El segundo titular es el del articulista Wilfredo Cancio Isla celebrando el duodécimo aniversario de la revista Encuentro, que justamente ha tenido lugar ayer 6 de noviembre en la Feria del Libro de Miami, y de la que se hace eco la webpage Penúltimos Días y supongo que muchos otros.

Posiblemente en Miami y en todos los Estados Unidos siempre se ha visto Encuentro de forma distinta a la que se le mira en España. Mucho se ha dicho —y mucho más se ha comentado, como dicen que suelen hacer las putas—, no sólo de quien el Sr. Cancio cita como único fundador, Jesús Díaz, cuando en realidad fueron dos: el occiso y Anabel Rodríguez, todavía no difunta. También se ha especulado mucho sobre si esta idea es estrictamente atribuible al dúo mencionado o si está basada en un esquema prefijado venido de más allá de la Vía Láctea. Indiscutiblemente fue como juntar a Timba con La Trampa: las experiencias se auparon en la simbiosis de cómo hacer una revista y cómo lograr los fondos, financiamiento y subvenciones necesarias para lograr un producto final de calidad que en el principio de los tiempos todavía pagaba 100 dólares a sus colaboradores, razón que Carlos Victoria me dio como excusa para sus primeras colaboraciones en la revista, ya que ese dinero servía para mandarlo desde Madrid a un amigo común en Camagüey (Nikitín), gestión de la que se encargaba el Sr. Pío Serrano en su primera etapa en la publicación.

Independientemente de una magnífica presentación editorial, Encuentro ha ejercido y representado la neutralización de la politicidad a la que su propio fundador contribuyó tanto en el anterior desarrollo de sus actividades políticas al servicio de la Revolución, sirviendo de cimiento al asentamiento de una vasta y flotante (etérea) filial aparentemente reciclada de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en el extranjero, esgrimiendo la elemental y falsa idea de la hermandad y de que todos, incluso los que ejercieron el poder, en una forma u otra hemos sido víctimas, sobre todo —para ellos— víctimas de quienes traicionaron el noble espíritu de La Revolución, lo cual les facilita continuar en los estrados de la izquierda global.

Es verdaderamente bochornoso (para ellos) y penoso (para mí, al menos) comprobar cómo he perdido algunas amistades en este trasiego de la dignidad (Guatemala) por la letra impresa (Guatepeor), buscando quizás no pasar a la eternidad en el anonimato y el ostracismo que las circunstancias nos han ido deparando. Asquerosamente lamentable haberles escuchado reírse y despotricar de la mano, no que le daba de comer porque creo que no pagan las colaboraciones, pero sí que les daba un lugarcito para ser reconocidos antes de morir en silencio. Supongo que como en la canción de Kris Kristofferson, algunos habrán cantado: “there’s no need to watch the bridges that we burned...” y habrán optado por el solapado comentario de las putas y por la practicidad.

3

El tercer titular lo firma José A. Vargas y responde al nombre de “Alejados de la patria”. La patria y lo patriótico es un tema infinito, escabroso, laberíntico, que tiende sobremanera hacia la elementalidad de los sentimientos. El Sr. Vargas critica a quienes critican como poco patriotas a los cubanos que vuelven a la isla a ver y ayudar a sus familiares, con lo que implícitamente están ayudando al régimen —¡cuánto tiempo hacía que no me salía esa palabrita!— Muy posiblemente cada cual vive una parcela de realidad/irrealidad con respecto a esa isla cuyo nombre trae tantos quebraderos de cabeza a las autoridades en torno al suceso histórico-política que nos dio para bien y para mal una dimensión diferente del concepto “patria”, al pueblo de a pie e incluso a los que saben de la misa la media. Por supuesto que no todas las personas que continúan viviendo en Cuba son comunistas, y por supuesto que no todas las personas que se han radicado en el extranjero cubano son anti-comunistas. Yo no respeto todas las actitudes ni todas las decisiones, pero sí aquellas válidas, reales y no oportunistas que han llevado a unos y a otros a permanecer o abandonar la isla. Y lo respeto sobre todo en las personas que no se han vinculado de manera gravosa con la Revolución. Pero aún así, por ejemplo respeto al Silvio Rodríguez que un día decidió convertirse en trovador mayor del reino, pero nunca respetaría a esa persona si mañana dice haber vivido equivocada durante 50 años y se establece fuera de la isla y mucho menos si pretende reconvertirse en contra-trovador.

El pobre Martí, desde su muerte, no ha dejado de galopar por la manigua cubana, como un fantasma de Comala, creo que, más que en busca de suelo para la patria, escrutando la dignidad de los hombres que encuentra a su paso. Le auguro un difícil descanso.

© David Lago González, 2008.

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente. Cher David. Excelente!!!

Saludos
KuKa