jueves, 6 de noviembre de 2008

Glory for the Ebony (Updated)

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© 2008, David Lago-Gonzalez / Digital Art

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¡Ya sé! Lo que me ha estado rechinando del discurso y la proyección de Obama no ha sido el slogan del “Change” ni el mesianismo —aunque ciertamente una cosa acompaña a la otra— sino el uso y abuso del plural mayestático, sobre todo en un país que ha sido, por antonomasia, el Reino del Individualismo. Para los que hemos vivido físicamente la Revolución Cubana, aunque sea en parte; para los que, existencialmente, la continuamos viviendo, el plural mayestático está sumamente ligado a todo lo aborrecible del totalitarismo. Es su puerta de entrada. Lo que se quiere hacer llegar como “plural de modestia” es en realidad una trampa embaucadora que pretende involucrar a los del lado de acá de la tribuna en la “gran” idea de aquel o aquellos que están detrás del púlpito (fácilmente confundible con “podio”).

En alguna parte de este blog —o de los otros dos que llevo (pinchar perfil)— me he manifestado en contra del uso de esa artimaña esgrimada por igual por el comunismo —el “ismo” particular que conocemos, pero también extensible a los demás “ismos” pues, al fin y al cabo, todos son lo mismo (y esto parece un pareado)— y por la burguesía. El plural mayestático es un insulto a la inteligencia del individuo. El presidente de una nación (defectuosamente) democrática y (defectuosamente) libre, pero largamente deseosa de alcanzar esas cualidades, no es más que una persona a la que pagamos para que nos ponga en orden —hablando en el mejor sentido del término— la tierra que pisamos. Nada más. Por parte de los electores no se trata de que hagamos resistencia activa ni pasiva a la gestión de ese individuo, pero tampoco se trata de que nos enrole en su tripulación en busca de la brillante estrella que nos indique el camino: “a shining star” puede ser fácilmente “a burning star”.

Oh Señor, protégenos de la elementalidad, tanto por exceso como por defecto.

© David Lago González, 2008.