viernes, 19 de septiembre de 2008

MANIOBRAS ENTRE CICLONES, de Orlando Fondevila

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NOTA DEL BLOGGER:    Por cortesía de Orlando Fondevila, reproduzco este artículo suyo sobre los muros del internado (Strawberry Fields).  Como comentario agregaría simplemente un recorrido refrán español: "LAS COSAS, CLARAS, y el chocolate, espeso".

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No hay dudas de que Cuba enfrenta, tras el paso de los ciclones Gustav y Ike por su territorio, una verdadera situación de emergencia. Debiéramos decir, mejor, una situación agravada de emergencia. Porque para el pueblo cubano ha sido una constante en las últimas décadas, con sus altas y sus bajas, vivir en emergencia. Lo que ocurre con el azote de estos recientes huracanes es parecido a lo que puede ocurrir a una persona ante una enfermedad. Si la enfermedad llega a un organismo fuerte, bien alimentado, con sus resistencias naturales intactas, pues entonces el organismo se defenderá mejor y podrá sanar más rápidamente. Si por el contrario, la enfermedad ataca a un organismo ya deteriorado, cargado de otros múltiples achaques, entonces la recuperación de la salud será mucho más difícil. Incluso el desenlace pudiera ser fatal. Cualquier médico sabe que tiene que hacer una valoración integral del paciente y no sólo valorar el nuevo padecimiento.

No se trata entonces de una obcecación anti-castrista, o de una perversión política cuando culpamos a la tiranía de la tragedia que está viviendo nuestro pueblo. Estos ciclones nos han castigado, pero no son de ninguna manera los más graves que nos hayan azotado. El problema, el gran problema es que se han encontrado con un país maltrecho por el pernicioso huracán político, social y económico que nos viene asolando con contumacia desde hace cinco décadas. De ahí el daño mayor. Por eso, aunque estamos conmocionados con la evidente tragedia humanitaria a que está abocado nuestro pueblo, no podemos confundirnos. Sí, es urgente que hagamos llegar toda la ayuda de emergencia que demanda la situación. Pero no podemos confundirnos, cualquier ayuda sólo será paliativa, sólo aliviará transitoria y superficialmente las penurias sobrevenidas. El diagnóstico de la enfermedad de Cuba va mucho más allá que la furia de unos vientos ocasionales. La etiología es mucho más compleja y profunda. Por suerte bien conocida. Como conocido es el único medicamento aplicable: la libertad y la democracia. Medicamento ausente por cincuenta años en el stock de la Isla.

No podemos confundirnos. Enviar cartas al presidente de Estados Unidos puede ser algo loable motivado por la desesperación, pero equivoca el destinatario. Ni Estados Unidos es el culpable del desastre cubano, ni es el principal responsable (aunque sí un importante actor) de su solución. Creer lo contrario, aún cuando sea con matices, aún cuando no sea esa la intención, es una manera de dar crédito a las tesis del régimen, quien sí es el verdadero causante del drama. Los millones de cubanos que vivimos en el exterior (consecuencia igualmente del huracán castrista) estamos lógicamente preocupados y queremos ayudar y que se ayude a los millones que residen en la Isla esclava. Claro que sí. Tenemos que ayudar y tenemos que impulsar la ayuda internacional. Pero tenemos un problema. El régimen castrista --no descubro nada-- es inescrupuloso, manipulador y despiadado. Para nada le importa la miseria de los cubanos. Y si les importa es sólo al modo en que les importaba a los amos que los esclavos no se les murieran. El régimen lo que busca es manipular la añadida desgracia de sus víctimas con el fin de alcanzar sus objetivos políticos. Su obsesión de deshacerse del embargo, que, además de un asunto de pura propaganda, de lograrlo sería su tabla de salvación. Créditos y turistas norteamericanos, a cambio de nada. ¿Es que alguien, a estas alturas del juego, cree de verdad que el levantamiento o la suspensión del embargo va a contribuir a la solución de la catástrofe nacional? ¿En serio?

Lo cierto es que la tiranía maniobra políticamente con la desgracia de los cubanos, y moviliza a todos sus amigos y oportunistas en los Estados Unidos para conseguir sus fines. Grotesco chantaje emocional para los no avisados. Y lo mismo hace ahora mismo al aceptar, siempre a partir de sus condiciones, el cacareado diálogo político con la Unión Europea. El régimen quiere que los huracanes Gustav y Ike le sirvan de justificación y de carta de supervivencia. Digamos No al régimen. Digamos Sí a los cubanos. Ayudémosles en su infortunio. Mas no descuidemos la lucha por la verdadera solución.

© Orlando Fondevila, 2008.

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Las fotos me llegaron por internet y desconozco su autoría.  El lugar es Sora, antes y después de Ike.