viernes, 11 de julio de 2008

FORO ATLÁNTICO, Madrid (5)

COSAS QUE DIJE, COSAS QUE NO DIJE y COSAS QUE HUBIERA QUERIDO DECIR.



(COSAS QUE DIJE)



Yo nací en Cuba en el año 50. Con los años de insurrección fidelista (desde el 53) + los del comunismo (hasta el 82 cuando salí de allí) + los del post-comunismo (hasta este mismo instante en que estoy hablando), he vivido toda mi vida “en revolución”, 58 años, y aunque lleve la mitad en España el daño está hecho y no lo arregla nadie, ni aunque Fidel se muere mil veces y Raúl alcance el Vaticano. Por eso me refiero solamente al comunismo como escenario vital. Política y socialmente, pertenezco a una clase creada por Fidel bajo el nombre de GUSANOS. Esta clase es muy numerosa --muchas veces nos preguntábamos cómo era posible que la Revolución existiera habiendo tantos gusanos--, pero a nadie le gusta mucho hablar de ella. Atacada por la oficialidad cubana más contundente, también es mal recibida por la intelectualidad (siempre oficial en Cuba y, por tanto, la única válida) y subvalorada cuando esa intelectualidad se recicla y se hace mundial, “civilizadamente” presentable. O sea, no la consideran “disidente”, ni patriótica, ni luchadora incansable por la libertad, etc. Sin embargo, conforma la mayor parte del pueblo cubano y (yo considero que) es la verdadera disidencia popular.

Aquí se ha hablado con más y con menos acierto. Ya que de colonias se trata, me parece que “los criollos” nunca fuimos ni nos consideramos a nosotros mismo como La Perla y no padecemos el Síndrome del Maine que padecen genéticamente los descendientes peninsulares de nuestros ancestros españoles.

El embargo norteamericano no debería levantarse --ésa no es la cuestión-- mientras que se sepa que de eso sólo se va a beneficiar el turismo extranjero (que, de hecho, nunca se ha enterado de ningún embargo) y la clase dominante cubana (de la misma manera que sucede con los dictadores africanos de países que reciben ayuda humanitaria)


(Vargas Llosa hizo “un llamamiento” a que las participaciones fueran comedidas o algo así, cosa que quería decir que yo había hablado mucho, e inútilmente como suelo hacer. La cara de Vargas Llosa puede ser muy dura e inexpresiva. Ni sombra queda del Varguitas de La Catedral ni del sobrino de su posterior primera esposa en “La tía Julia...”, con el que me sentía tan a gusto. Me habría gustado alguna vez contarle del salto (físico, real) que di en la cama, en el país mío de Camagüey, cuando descubrí el secreto de la trama de La Catedral, pero aprovechando que ambos participábamos en el primer homenaje a Gastón Baquero, yo me fui con mis libritos (de mierda) y cuando pude se los entregué (ESM: en sus manos), y él ni me miró siquiera, peor que Francisco Umbral cuando le servía chopsuey de ternera. Así que nunca le conté lo del salto y la sorpresa y mis gritos de "¡genial genial!" a los que acudieron, preocupadas, mi madre y algunas vecinas que tomaban el fresco en la calle. Pero en fin, él nunca será tan poeta como yo.)




(COSAS QUE PENSABA MIENTRAS HABLABA)

Todo esto lo estoy diciendo tan mal que es farragoso, casi ininteligible. Me sucede que cuando quiero hablar, se me acumula como una especie de ira que me hace llegar hasta el temblor, y temblar en público es ridículo.


Con lo de los “gusanos” quería decir que la lucha por los presos políticos me parece muy lógica, pero “disidir” no es solamente anotarse en una asociación no autorizada por el stablishment cubano. No sé si antes del 82, año en que me relacioné con el mundo de verdad (éste), los presos políticos eran tan importantes como lo son ahora, aun cuando el número (y, sobre todo, antes de 1980) era significativamente mayor. Pero desde muy temprano sí siempre se supo en los cien metros de nuestra vida cotidiana quiénes era los gusanos aun cuando perteneciéramos al CDR, lo cual no quería significar nada. Eran y éramos personas que actuábamos a cara descubierta, acatando mandatos, marchas (ya antes de la invasión de Girón marchaba en un batallón de mi cuadro bajo el murmullo gusaneril de “un, dos, tres, cuatro: comiendo mierda y rompiendo zapatos”), desbroces de la mala hierba los domingos, guardias infinitas del comité; por otro lado, el duro, durísimo y vulgar mundo de las colas. Éramos como los judíos del ghetto de Varsovia, otro ghetto y otra Varsovia, llevando brazaletes invisibles, mirando azorados, resignados o alterados aquella sandía que se nos resistía a ser nuestra. Muchas veces he dicho que la diferencia entre las distintas oleadas migratorias cubanas está simbolizada por una jaba: esa jaba contiene la barbarie de la elementalidad. La década anterior partió y muchas veces olvida que alguna vez tuvo una jaba entre sus manos. Los que salieron en el año 59 o 60 no pueden acordarse porque simplemente no pueden recordar lo que todavía no había comenzado a existir.


Los gusanos no eran tan elementales ni primarios como para no ser tomados en cuenta. Eran la infantería de los que los cincuenta o los cien que ahora están en las cárceles, o tal vez ni eso, no por culpa de los gusanos en sí, sino porque tal vez las madres y abuelas de los ahora encarcelados eran personas “integradas”. La “integración” es el nivel más bajo de la colaboración con el stablishment. Pero (mira tú por dónde... por dónde no se vea a nadie que nos esté escuchando...) resulta que hoy sus hijos “luchan” por la libertad de Cuba. Pero los gusanos tenían un pequeño coraje a flor de piel cuando se decía aquello de “gusano sí, y a mucha honra”.

Pero para o por los gusanos no se crean congresos. El miedo y el valor de estos miles de personas no sirve de nada. Lisette Bustamante no llora por ellos ante las cámaras de la CNN. Estas mujeres que parecen de la Liga Católica mirarían con un desprecio criminal si mi madre estuviera aquí y, ácida e inteligente como siempre fue, dijera: “los cubanos, m’jita, que los compre quien no los conozca...” y eso que era blanca, blanquísima, hasta sefardita de tan pura. Cómo mirarían, pues, a la madre de Zoé Valdés.

Y bien, ya me he ido, no por los cerros de Úbeda sino por los Pirineos y los Alpes (a los Andes que se vaya Amaury Pérez) y lo último que había dicho era eso de los “dictadores africanos de países que reciben ayuda humanitaria” y quería poner un ejemplo ilustrativo de adónde van a parar esas ayudas cuando se levantan los embargos o cuando alguien dice que los embargos no funcionan y se deben eliminar para que todo llegue al pueblo, al pueblo llano, que en Cuba son millones de gusanos, sub-especie que no tiene derecho a vivir. Pero, resulta que a mi lado estaba Felita Menocal y seguir hablando implicaba decir que a nosotros no nos importó para nada los “patriotas” de la invasión de Bahía de Cochinos (para mi generación fueron simplemente “los mercenarios de Playa Girón”), lo cual podía causarle un ICTUS o terminar yo siendo víctima de sus justificadas agresiones. Estas son las





(COSAS QUE NO DIJE.)


Y lo ilustro con un ejemplo de algo que recién me ha sucedido ahora por la mañana, de lo cual me enteré por casualidad y quiero señalar el tiempo real que ha transcurrido desde eso (más de 40 años).

Hay muchas cosas que se miran y se miden de muy diferente forma estando fuera o dentro de Cuba. Entre unos amigos, yo me refería a que para mi generación los invasores (y todavía utilizo el término oficial cubano) de Playa Girón sólo habían sido importantes porque al final de aquel proceso los cambiaron por medicamentos, y los hippies de entonces nos beneficiamos de los anfetaminas norteamericanas (dexedrina compuesta) que venían en forma de corazón y de color verde, por lo que popularmente se les llamó “corazón contento”. En eso un amigo me interrumpió y me dijo “y de las compotas”. Y yo le dije: “¿Las compotas? Eso habría sido porque tu padre era comunista.” Efectivamente, su familia era una familia revolucionaria, y a ellos sí llegaron las compotas (y supongo que otras cosas) mientras que al pueblo llano NO. Eso es lo que se consigue con ayudar a los dictadores: cebarlos a ellos y a sus acólitos.


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Pero como no lo dije, hice un ridículo tremendo, pero a Felita no le dio el ictus. Y colorín colorao, este cuento se ha acabao y también el Foro Atlántico, así que, ahora, cada cual a sus miserias.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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