sábado, 24 de mayo de 2008

LO CUBANO (Un sueño)







a mi madre, a mi familia, a vecinos y personas que recuerdo
y con los que vivo cada día



Lo cubano no es obligatoriamente lo chabacano, el mal gusto y esos aires de conga perpetua y multifuncional que la Revolución, seguramente sin pretenderlo, ha terminado por implantar en la vida de las personas, e incluso en la imagen de las instituciones. No es la degeneración lingüística, la monstruosidad fonética, no es reducir la moral y la amoralidad a la inmoralidad, no es gritar en un salón como si se tratara de una asamblea de méritos laborales: no nos estamos “fajando” por el ticket para un “refrigerador” marca Minsk, ya eso pasó y sobre todo para los que decidimos salir a ver qué clase de oxígeno se respiraba en otros aires. El grifo se abre y sale agua, libre, abundantemente: no es un hilito que trata de sobrevivir al musgo de una acequia de cuartería. Nadie tiene que demostrarle nada a nadie. Sólo hay que escarbar en la memoria, obviar ese largo incidente histórico que ha sumido nuestras vidas en una profunda confusión y cuya única importancia es la de una enfermedad y sus secuelas, y debemos recordar. Debemos recordar que lo cubano es elegancia, simpatía, dulzura, un saber estar, un saber ser, un saber vivir con sencillez y por consideración a los demás saber también aliviar la proyección de un raciocinio más complicado. Debemos recordar y rescatar palabras simples que son más definitorias y perdurables que inflamaciones excelsas que parecen rellenas de sentimentalismo y entrega pero que se desinflan fácilmente al contacto de un alfiler o al acercarle una cerilla. Ya sabemos que la Revolución no hizo otra cosa que repartir la miseria, pero con la miseria económica terminó repartiendo la miseria humana y también su lenguaje de barrio bajo. Obviamente todos queremos vivir mejor, en todo sentido y en todos los sentidos; entonces la reconstrucción de las ruinas debe empezar por la propia ruina humana en que hemos devenido. Lo cubano no es cantar continuamente el himno nacional ni una guaracha o ahora un reggaeton; tampoco hay que interpretar a Lecuona sobre el piano todo el tiempo. Quizás la forma más sencilla, más inteligente, más digna, de ser cubano sea precisamente la de no ser “señalado” como cubano.


©2008, David Lago González

2 comentarios:

garrincha dijo...

amén.

luisc dijo...

Totalmente de acuerdo y te agradezco por reseñarlo con elegancia. Saludos desde Montevideo.