viernes, 5 de septiembre de 2008

Las juntamentas

 

.

Anteayer viajaba en un taxi —los taxis españoles son altamente perjudiciales por muchas razones, sobre todo si llevan la radio encendida— y dos comentaristas mujeres en no sé qué emisora hablaban sobre la premier de “Che, el argentino” (menos mal que dentro de la Gran Confusión Mundial —de aquí en lo adelante llamada GCM—, no le llamaron “Che, el Cubano”). Todas las opiniones y referencias que destilaban eran de una tergiversación, una manipulación y una superficialidad tal que cualquier otro no desgraciadamente nacido en La Ciguaraya (nunca he sabido si esa palabra es con “s” o con “c”, así que disculpas a la empleomanía) podría haber pensado que estaban hablando de Disneyworld o del sub-producto que puede ser “Warner Bros. – París". Hasta tal punto fue cargante el viaje que, además de los bandeos que daba el coche por un conductor tal vez poseído por el abominable espíritu de Fernando Alonso, el exponer mi oído a tan enojosos comentarios de marujas con ínfulas periodísticas, me produjeron mareos y tal vez el principio de una hipoglucemia que, al llegar a casa de Waldo, me hicieron sentarme y bajar la cabeza todo lo más posible que mi abultado vientre me permitía y esperar que pasara el malestar.   A Waldo ni siquiera le comenté de las posibles razones de éste porque, aunque él iba en el taxi, oye mal y creo que no se había enterado de nada, lo cual, a veces, es preferible.

Bueno, en los últimos días, Benicio aparece frecuentemente en nuestras vidas. Fragmentos de la película con su voz hablando con una dulzura que para nada recuerdo en el Che. Por suerte, no le oído asumir el típico acento cubano occidental generalizado e internacionalizado que convierte un “hasta luego” en un “a’ta ‘o’uevo”, pero no descarto que lo utilice en la película. Yo, personalmente, rememorando los discursos, tampoco recuerdo que el tío este de Córdoba o Rosario, tuviera un acento argentino sumamente marcado, quizás porque no era porteño (suerte para él porque, si no, lo odiaría aún más). Creo que en Cuba no se exhibirá la peli porque no están de acuerdo con la imagen que dan de Fifo, misterio que juro por mí que me caiga fulminado por un rayo en este preciso instante, que nunca intentaré descubrir. Algo bueno les tiene que pasar a los que se quedaron.

Sin duda, la película (a 40 años de la muerte del personaje-personaje), la invasión de las camisetas con su victoria siempre, la proliferación de los tenderetes de la extrema izquierda los domingos de Rastro en la Plaza de Tirso de Molina y la superioridad del prestigio del argentino sobre el de Fifo (única cosa de la que me alegro porque El Otro no imaginaba el inmenso favor que le hacía al no permitirle volver a Cuba y abandonarlo en la altiplanicie boliviana, tiro culatero al fin y al cabo), es una consecuencia más de la caída del Muro de Berlín, el derrumbe (inicialmente total y posteriormente parcial) del comunismo, la descomposición de la Unión Soviética, y el Nuevo Orden Mundial, que ahora Vladimir Putin trata de reconducir a través de viejas glorias imperiales, todo lo cual, además de otras muchas cosas pero todas entre ellas vinculadas, forman la GCM (ver más arriba).  Y todavía lo que falta: lo inimaginable.

Hollywood, y el cine norteamericano en general (¿o todo es Hollywood?), no se llevan nada bien con la adaptación de novelas, textos y situaciones que no sean intrínsecamente norteamericanos. Yo creo que es un problema de incapacidad natural suya, y no de ignorancia o menosprecio hacia otras culturas como siempre se les quiere achacar en ese afán de concederles la supremacía de la imbecilidad. En realidad, este desencuadre en la comprensión y proyección de otras actitudes nacionales no es exclusivo del cine norteamericano. Por ejemplo, Andrezj Wajda en su espléndida “Paisaje después de la batalla” caricaturiza también la llegada de las fuerzas aliadas norteamericanas a los campos de concentración nazis, lo cual merma ligeramente la calidad de la película. Verdaderamente encomiable es el caso de los soviéticos sobre la puntillosidad y exquisito cuidado que ponían en los más pequeños detalles de las versiones cinematográficas literarias. Todo esto lo saco a colación porque acabo de ver en El País, un fotograma de la película de marras (de marras ¿o de mierda?) en que Camilo Cienfuegos y el Che fuman sendos habanos en la supuesta Sierra Maestra, y más, mucho más que el descanso del guerrero, o los guerreros, la foto en sí parece una promoción más de Cohibas, Montecristis o como quiera que se llamen todos esos tabacos que mi padre, David Lago de la Fuente, personaje nada importante, antiguo aldeano miserable gallego y gran fumador de puros (vine a verle fumar cigarrillos después de La Revolución), valiéndose de la cuota que tocaba por él y por mí que creo que era de dos puritos pendejos cada quince días, troceaba aquel objeto de placer según muchos, lo mezclaba con otras hojas de tabaco que le traían del campo, y volvía a liarlos, para después reunir los “cabos” en una latica de leche condensada y reutilizarlos en la fabricación del próximo puro. Era la espiral infinita de la peste a cabo.  Por ese recuerdo suyo NO permito que en mi casa nadie fume un puro cubano.

Pero me alejo de mi padre, al que nadie hará una película, y vuelvo al cine. Hollywood, incluso Sodenbergh, edulcora. Hollywood es la gran responsable de que una obra maestra como “Dr. Zhivago” haya terminado convertida en el Tema de Lara, y ni tan buenos actores como Omar Shariff y Julie Christie la salven. Hollywood, incluso Schnabel, edulcora y adultera. “Before Night falls”, basada en la caprichosa realidad de Reinaldo Arenas (los reclutas haciendo cola en casa de la tía para singárselo, la desbordada oscuridad de los baños públicos de los carnavales y unos cuantos etcéteras que sepamos o podamos adivinar los que vivimos aquellos años), sólo está salvada por la actuación de Javier Bardem de convertirse en la segunda película más mala que he visto en toda mi vida (la primera es la de Andy García).

De modo que yo me pregunto, esperanzado tal vez estúpidamente, infantilmente, como una muchachita de falda corta que sueña con su primer amor, no que Sodenbergh mate otra vez al Che —no, no caerá esa breva, compañeros—, pero sí al menos de que el ingrediente hollywoodense surta el efecto contrario al del aumento (ya de por sí irracional) de popularidad del revolucionario fantasma. ¿O se convertirá el amigo Jacobo Machover, con la traducción de su libro sobre “le personagge”, en el superhéroe capaz de hacernos olvidar parte de la pesadilla?

To be continued...

.

(Madrid, 5 de septiembre de 2008)

© David Lago González 2008.

.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

MOLESKINE (2)

.

Moleskine

.

Lunes, primer día de la semana laboral. Pero yo no trabajo: desde hace años lo “dejé”, gracias a los resultados en La Bolsa (o en Mi Bolsa): “suerte” que tenemos algunos...

La temperatura en mi PC marca 16º y son las 8 de la mañana. Tener este friecillo matinal en el seco clima de Madrid es una bendición. Otra es la hora temprana. Ya está amaneciendo un poco más tarde, creo que sobre las 7. Yo duermo con las dos contraventanas del balcón abiertas de par en par y cuando más, me tapo solamente con una sábana, incluso a veces es una sábana vieja de la época en que llegamos y vecinos y amigos de amigos nos regalaron cosas que ya no querían. Me gusta despertarme al sonido de los móviles (sonajeros, no sé qué otro nombre puedan tener) que cuelgan de los hierros de la balconada, hierros originales del siglo XVII. Levantarme tarde me pone de mal humor: cuánto tiempo pierdo en brazos de otro hombre que no soy yo.

Como mi grado de dispersión es cada vez más acusado, galopante y pericoloso, pongo en práctica inmediata el ardid de levantarme como si fuera una hormiguita atómica: lavarme la boca, las abluciones propias de mi sexo, vestirme, el zumo correspondiente, la ingesta de numerosas pastillas en las que no me detengo a pensar porque tengo rechazo psíquico a tragarlas, todo eso corriendo corriendo volando, sin darme tiempo al desliz mental, cojo el mp3 o la máquina de fotos o las dos cosas, y bajo sin pisar los escalones.

Ya en la calle, me encamino a Wooster a desayunar. Mientras me tomo mi café con leche y dos (María) magdalenas que hacen riquísimas, allí mismo, leo el periódico. Prefiero la terraza, claro está, pero en Madrid hay que luchar contra dos cosas: los molestos fumadores y el olor a orín que despiden las paredes. No riegan, ni los vecinos ni el alcalde. Se está produciendo una especie de regresión a los tiempos medievales en que todavía no nos habían invadido los moros y el grito de “¡Agua va!” convertía esta ciudad en un chiquero impresionante. Por eso procuro las últimas o las primeras mesas de la terraza, porque quedar apresado entre el humo de los ducados y la peste a meao es algo siniestro, una suerte de empezar mal el día.

Entonces me pongo a leer, decía. Comprar el periódico depende de las fluctuaciones de la (mía) bolsa (pequeña). Y escojo El País. En estos tiempos de radicalismos y fáciles fundamentalismos (que por lo general parten de los que más tienen que ocultar o que disfrazar, aunque sea un “ligero” pecadillo juvenil, una fugaz colaboración con el gobierno de Vichy), desplegar ante ojos cubanos soñadores y nostálgicos la primera plana de ese periódico es ser considerado, en el mejor de los casos, como algo irremediable. “Por ahí pa’llá”, rojo naturalmente, rosado, comunista y, por supuesto, bicho raro. “¿Cómo puedes leer eso?” me preguntan, como si me estuviera llevando a la boca una cucaracha frita pero aún no estuviéramos en China. Espera a que todos estemos bajo la amenaza amarilla y ya no me preguntarás nada.

Bien. Hace ya muchos años contesté esa pregunta. Allá por los 80. Era un amigo de mi entonces pareja. Yo fui “testando”, como dicen los brasileiros, los periódicos y me quedé con El País por un asunto de léxico, o de tono. El ABC por entonces era pura sangre azul y la mía, que posiblemente ya había comenzado a pudrirse, era roja. Aún es roja. Con el paso del tiempo, el ABC, por ejemplo, ha variado muchísimo. He probado con El Mundo, pero me parece un diario tan (disfrazado de serio) amarillista que leer un titular de ese periódico da la impresión de que, cualquier cosa que sea, va a suceder de inmediato, o que incluso ya ha sucedido y uno llega tarde a la noticia. Así que volví a El País, a pesar de Mauricio Vicent. Total, me encuentro con cientos de personas semejantes a cada paso y sin necesidad de abrir ningún periódico. Lo siento por Fondevila, que ya me dijo que me iba a desheredar y no me van a dar el aprobado en el examen de pureza patriótica, pero qué se le va a hacer: todos no podemos ser mártires y al mismo tiempo beatos, como le pasa al pobre muerto de Arenas. Y yo lo tengo claro: no aspiro ni al escudo ni al altar.

Modestia, humildad: en verano la terraza y en invierno el salón. En Wooster siempre, naturalmente.

.

(Madrid, 2 de septiembre de 2008)

© David Lago González, 2008.

.

Etiquetas de Technorati:

lunes, 1 de septiembre de 2008

GORKI habla y canta

 

Más sencillo y directo, imposible.

Fuck off the intellectual politicians!

Fuck off the political intellectual profesional crap!

We're back to the sixties:  THANKS GORKI!!!!!!!

 

http://www.youtube.com/watch?v=0sXb1Qsl0Tk&NR=1


http://www.youtube.com/watch?v=yjOij52ntF4

sábado, 30 de agosto de 2008

MOLESKINE (1)

Moleskine_ruled_notebook,_inside_view

En realidad, lo que estoy haciendo entre estos cuatro blogs que “administro” (“adminístreme usted lo que el pobrecito dejó...”) —o sea, los tres ya conocidos y el último que recién he iniciado— es una suerte de diario, de apuntes, de notas sobre cosas vividas o pensadas que ya no quisiera seguir olvidando. Algo así como una moleskine en línea y en directo. Un pobre remake de aquella terrible y total película de Bertrand Tavernier, “Deathwatch”, con los soberbios y hermosísimos Romy Schneider y Harvey Keitel luchando cada uno por sobrevivir al otro con más coraje y belleza. Un gran cajón de sastre que voy rellenando con cosas a veces un tanto inverosímiles. Cosas simples también, o al mismo tiempo simples, sin importancia. Todo está junto, pero no revuelto, de ahí que existan estos compartimentos llamados “blogs” con los que intento mantener cierto orden. De ahí también que no aluda mucho a lo que se vaya produciendo como últimas noticias en el caso de Cuba. En ese sentido, hay cosas que me tocan y otras no, y estoy demasiado acostumbrado a que lo que se diga hoy o pase hoy, sea tal vez lo contrario de lo que se diga y pase mañana. Y luego termina uno haciendo el papelazo. Yo padezco de un sentido del ridículo enfermizo, que muchas veces, incluso, me ha limitado para el sexo, y la inmediatez para mí ofrece demasiadas aristas cortantes donde uno puede dejarse, no solamente la piel, sino también el cuello: no vale la pena arriesgar tanto. ¿Acaso ese país, y esas gentes, arriesgaron algo por mí? Naturalmente muchos pensarán que a ellos no les va nada de lo que escribo, y yo les digo que llevan razón. Incluso ese extraño señor que me dejó un mensaje hablando sobre mi desparpajo y preguntándome (o preguntándose) si la productora de Pedro Almodóvar no me había contratado ya; qué señor tan extraño: parecía tan convencional y conservador (las dos cosas) y al mismo tiempo estaba tan bien puesto con el nombre de las cosas... no entendí bien si se burlaba de mí o llegaba al insulto. Eso da igual: no es ni el primero ni el último; no practico el sado pero, en sentido figurado, estoy acostumbrado a que me escupan. Hay muchas formas de escupir. Con la boca (la manera literal), con los ojos (propio de la urbanidad burguesa), con los hombros de frente (rechazo), con los hombros de espalda (desprecio total y vituperante). La forma literal la recuerdo sólo asociada a la infancia, en alguna batalla a salivazos. Por suerte no he tenido una experiencia adulta. Tal imagen me es determinante: sólo pude soportar unos cinco minutos viendo a mi icono sexual Manu Maltés haciendo lo mismo que yo hacía de niño, con su amante en la vida real y en la pantalla porno, Edu Boxer, y le tomé un asco que lo sepulté para siempre en el fango del olvido. Pero, en realidad, el que más me descompone es el propio de la urbanidad burguesa. Creo que uno de los grandes aciertos de la Revolución Cubana fue abolir la enseñanza de la urbanidad burguesa (pobre Dr. Cortina, que nos enseñaba “Moral y Cívica” en los Maristas: se habría quedado sin trabajo). Esa guía de conducta nos ha hecho más animales pero también más naturales y sinceros. En este caso, la falta de sinceridad se expresa de otra forma, hay como algo más afilado, una sombra que se proyecta desde la mandíbula hacia delante. Cuando veas eso, no te fíes: esa persona no es trigo limpio.

© David Lago González, 2008

Etiquetas de Technorati:

viernes, 29 de agosto de 2008

Waiting for Gorki

 

996-gorki_standalone_prod_affiliate_84

 

Esta espera, vivida tan de lejos, por el desenlace de la turbulencia de estos últimos días en torno al cantante del grupo de punk-rock cubano Porno Para Ricardo, detenido y “a la sombra de” su inminente enjuiciamiento por “pericolosi oggetto di potenzialità”, me ha hecho recordar otras esperas por las que ha transitado nuestra vida.

Por una parte, pienso en el absurdo que estoy cometiendo al preocuparme y seguir con mucha y aberrante frecuencia el goteo de noticias que llegan desde La Habana por alguien cuya música y formas no comparto. Apenas los he oído unos segundos pues me parecen de un mal gusto alucinante y poco me importa que griten contra Fidel o contra Aznar. Nunca llegué al punk, mi auto-destrucción ha ido por otros cauces distintos a la de Syd Vicius y ni siquiera llegué a sentir total simpatía por Alice Kooper o por Kiss en aquellos primerísimos pasos de tal desconcierto. Pero llevo dos días viajando por el éter básicamente entre dos paradas en el espacio: Penúltimos Días y el Blog de Zoé Valdés.

Por otra parte, tampoco estoy de acuerdo con todo lo que se dice. Y a pesar de Gorki Águila y de cualquier otra cosa que venga, sigo detestando la palabra “héroe”, tal vez por el daño en mis neuronas ocasionado por la repetición sistemática de “héroe de la patria”, “héroe de la zafra”, “héroe del trabajo”, letanía que me hace trasvestirme en Tina Turner y cantar “I don’t want no heroes...” para auto-defenderme de peores consecuencias.

Inevitable, pues, que asocie este “esperar a ver qué pasa” —¿qué va a pasar?— con la remembranza de otras ocasiones en que también la vida se ha detenido un poco, por culpa de la arbitrariedad de políticos que no son más que obviedades necesarias de un sistema, y ha habido de aguardar a ver si continúa la vida o a ver en qué forma se manifiesta la continuación de la existencia, con qué cambios, con cuánto más de nosotros, dejándonos cuánto menos de nosotros de intentar seguir siendo personas.

¿Cuándo fue la primera vez?

¿Cuando mis padres me dieron la opción de decidir si me convertía en un Peter Pan o esperábamos —“esperábamos”— tiempos mejores para salir todos juntos?

¿Cuando me expulsaron del primer curso de la secundaria por haber revuelto el aula y siendo menor de edad querían mandarme a la UMAP?

¿Cuando el juicio de Benny y Larita y René Cifuentes y Carlos Alonso y todos ellos, que veíamos desde el balcón trasero de la Casa Teatro y años más tarde Carlos Victoria “nos” contó en La Travesía?

¿Cuando denuncié a un supuesto colaborador de la CIA que en la beca de Siboney me propuso trabajar para la causa y yo fui un atardecer al chalet mansión de una mujer llamada Viola que dirigía aquella escuela?

¿Cuando me retiraron la beca de filología inglesa por haber sido “peligroso” antisocial que leía sentado en las columnas del instituto de bachillerato de Camagüey?

¿Cuando llamó a mi casa una voz de loca desenfrenada para decirme que Carlos Victoria estaba en los calabozos de la policía en La Caridad?

¿Cuando Emilia y yo esperábamos a que nos dejaran ver a Carlos, y Carlos salió con la ropa rota y golpes en la cara?

¿Cuando detuvieron por primera vez a Nikitín, y el padre de la hermosísima María Antonieta Castelló, por quien todos suspirábamos, le defendió?

¿Cuando lo detuvieron otra vez y lo metieron en Kilo 7, y fuimos Olga Lastre y yo en una de esas cosas que se llamaban “máquina de alquiler” hasta la misma puerta, y yo me quedé del lado de la libertad (sí, libertad al fin y al cabo) sin olvidar la expresión de pánico de aquella maravillosa madre? Una tapia enorme de hormigón, como la escalera al cielo de Led Zeppelin que nunca conduce al cielo.

¿Cuando esperaba para ser expulsado de la Universidad de Camagüey?

¿Cuando a Carlos lo detuvieron por segunda vez por haber olvidado denunciar a unos chicos que le pidieron que se uniera a ellos para escapar del país?

¿Cuando, gracias a la benevolencia revolucionaria, la falta se cambió por el seguimiento quincenal que le hacían en su centro de trabajo, presidido por un compañero de apellido Figueredo que ocupaba la mansión de los Rodríguez, a cien metros de mi casa, lo cual lo convertía en mi vecino?

¿Cuando a CarlA Lanza y Queta Pando las detuvieron y las condenaron a un mes y un día, acusadas de patear latones de basura a lo largo de la calle Medio?

¿Cuando a Queta Pando y a mí nos sacaron de MI casa, donde además estaban mis padres, por habernos visto entrar dos hombres juntos por la madrugada?

¿Cuando en las gradas abandonadas del antiguo Club Atlético, encendieron todos los focos hacia nosotros y nos rodearon 50 hombres armados con pistolas y metralletas para preguntarnos que hacíamos allí?*

¿Cuando nos llevaron a ser expedientados e interrogados en Villa María Luisa por los Truca Pérez papers?

¿Cuando años después tuve que acostarme con el mismo agente de Lacra Social que me había interrogado en el instituto y yo esperaba que de un momento a otro me detuviera?

¿Cuando visitaba la Oficina de la Escoria?

¿Cuando esperábamos los actos de repudio?

¿Cuando una compañera de la Reforma Urbana, al yo negarme a pagar el resto de la casa propiedad de mis padres, me dijo “pues por mis cojones te voy a joder la salida”?

¿Cuando tuve que ir a ver a un personaje extrañísimo y misterioso que me salvó de tal anormalidad?

¿Cuando viajábamos a alguna parte, cuando íbamos, cuando veníamos, cuando nos quedábamos sentados en un parque mirando las estrellas y un policía nos pedía “identificación” y nos decía “espere aquí”.

Espere aquí.

Espere aquí.

Y si ya no esta aquí, siga esperando allá.

Espere por otros, que es igual que esperar por si mismo.

Que todo es lo mismo.

Que al fin y al cabo, espere, y desespere.

¿Acaso no tiene que esperar por la muerte?

 

(Madrid, 29 de agosto de 2008)

© David Lago González, 2008.

 

*botellón

viernes, 22 de agosto de 2008

miércoles, 20 de agosto de 2008

Quotes to remember : CUCA WEST

 

 

dscf8990bw0staril7

 

La más terrible pregunta que alguien puede hacerse, viviendo en un país comunista, es:  ¿QUÉ HACER EN LOS PRÓXIMOS DIEZ MINUTOS?

Cuca West  (Havana, 1950 - New York, 2008)

Beijing y el machismo cubano

 

Yo me maravillo, MOgRUFF!attitude410b me asombro, me descompongo, y hasta me desordeno, amor, me desordeno como Clarilda al constatar la atención que pone la empleomanía en los logros alcanzados por Cuba, primer territorio libre de América (decía el slogan y esos viejos comunistas que menciona Tania Quintero y que posiblemente ni eran tan viejos ni tan comunistas ni tan diferentes al resto de la marea oportunista que precisamente como tal sube y baja, primero por la noche y luego por el día, y después la ambición rompió el saco y lo mismo bajaba que subía a toda hora pero, sobre todo, subía, y subía, y subía, gracias a lo cual muchos hijos-de llegaron con las corrientes a otras costas más lejanas). Y aquí estamos todos juntos, juntos y bien revueltos, y no, no pasa nada que para eso somos broders, y síguele metiendo que vamos ganando, que 6 x 6 es 36 y en Santiago es el 26 (decíamos en Camagüey al año siguiente de haber tenido la infausta experiencia de celebrar esa fiesta donde los viejos y los nuevos comunistas y los que aparentaban serlo y los que vivían a la sombra, celebraban todos juntos y revueltos tal zafarrancho).

Los blogs del ex-helio se llenan de cuentas y listas, de medalleros que van desde la hojalata y el plástico hasta el oro. Pero, en un país comunista y, por tanto, totalitario, dictatorial, en el que el éxito personal es un pecado que se paga con el rito al colectivismo más férreo, ¿gana el gobierno o gana el deportista? En un país normal —y todo el mundo aspira a la normalidad, incluso los homosexuales, y sobre todo después de las reivindicaciones sociales— el triunfo pertenece al atleta, que representa un deporte, y que representa a un país determinado. Eso me parece lógico, plausible, aceptable. Mas asumir esto aplicándolo a lo primero pertenece al más alto grado de abstracción, por una parte, y por otra al enfermizo machismo cubano.

Por supuesto, un blog —aquí y en la China (suponiendo que tuvieran tanta libertad como Yoanni Sánchez para constituir “la generación Yao Ming”)— no es obligatoriamente un espacio dedicado a la literatura, a la filosofía, al ballet o a la cocina cubana, que prácticamente no existe (¡chowinistas, devórenme!). Pero saltar de la delicadeza y las finas manos de Menia Martínez (que en definitiva es una mujer del régimen y han estrechado en más de una ocasión Sus Manos, esas Otras manos...) al negro de la pértiga, me parece un salto mortal. Resumiendo: algo descabellado.

Algo descabellado que me lleva a concluir que, al fin y al cabo, el Che, eterno y flamígero, logró su propósito de “El Hombre Nuevo” (o “The New Man”) forjando una más que generación (porque Tania Quintero es como más vieja que yo y ambos somos mucho más viejos que Isis Wirth y que César Reynel y supongo que Güicho y Cuco y no sé quién más), repito, una más que generación perfecta al lograr hombres y mujeres

que lo mismo vibran con un tutú rosa diamantino

que con una profunda reflexión de Ichikawa

que con una meditación patriótica de Martí

que con un intrincado verso de Lezama

que con el viaje a la Toscana de Navarrete

que con el clavado en su base de un pelotero

que con el disco lanzado por una corpulenta amazona del poblado de Hatuey

que con la posibilidad de que las Damas de Blanco abandonen el blanco por el fucsia

y me asombro y me congratulo de ser, una vez más, un bicho raro, y de no formar parte del resto, sino seguir yo también fiel, siempre fiel a aquellas palabras con las que personas de hierro y plata como el Che, me bautizaron:

“contrario al normal desarrollo de las actividades”.

 

© 2008, David Lago González

(Madrid, 20 de agosto de 2008)

 

cow10

martes, 22 de julio de 2008

Quotes to remember : QUETA PANDO

De tanto hablar en sentido figurado, un día no nos vamos a dar cuenta de que hablamos de nosotros mismos.

(Camagüey, 1970yalgo)

viernes, 18 de julio de 2008

PRECARIEDAD






No suelo comentar noticias inmediatas, a no ser que las someta a una vuelta de tuerca poco convencional o que las asocie con anécdotas y cavilaciones paralelas o tal vez cosas que en parte sólo entiendo yo y algún que otro iluminado. Pero hoy me refiero a un corto texto de Yoani Sánchez publicado en la Revista de Verano del diario español “El País” bajo el nombre de “bitácora habanera” y a su vez en una página que en su parte superior derecha reza “danza / literatura” sombreado en amarillo. Como se le ha publicitado mucho siempre bajo la sombra de la política, al leerlo pensé que, más que política, era literatura, y entonces reparé en la página que ocupaba y me congratulé del acierto del editor. El tema que trata es el de la homosexualidad permitida y la no permitida (específicamente, la frustrada marcha del día del orgullo gay en Cuba). Conocedor de que se anunciaba ya un rincón en este otro país mío para la generación ye de aquel país mío donde nací físicamente, y conocedor también de que para tratar este tema se había barajado la posibilidad de otros dos nombres, pensé que con esta sensata y a la vez aguda exposición de los hechos y de algunas conjeturas y especulaciones, el periódico había matado dos pájaros de un tiro. Además de los calificativos usados, me alegró extraordinariamente la claridad, la nitidez y la ausencia de sobrante verborrea intelectual que hacen que estas pocas palabras de Yoani Sánchez, apenas una cuarta parte de la hoja del periódico, vayan directas a las entendedoras de personas tan vulgares y elementales como yo. Me congratula verdaderamente que no sea el batiburrillo miedoso y “embarajante” de Reina María de las Azoteas. Yo recelo mucho, y, como una mosca, huelo a varios kilómetros la dulzura empalagosa de las mermeladas, lo que me hace desconfiar de todo (cómo es que fulanito pudo convertirse en escritor mundialmente famoso sin que le cortaran la mano al manuscrito y medio que sacó a través de unos extranjeros; cómo la gente va y viene y no, no pasa nada; como a otros sí les pasa; en fin, cómo fue que yo fui a comprar pan y me dieron una barra envenenada mientras que tú, que hiciste lo mismo, te dieron por ello un viaje a la luna; en fin, en fin...), pero eso será un problema genético mío o una consecuencia más de la Revolución y como no es delito de sangre pues no pasa nada y no hay culpables. Mas he aquí que en el texto de la Sra. Sánchez encuentro estas palabras: “La acción (se refiere a la marcha frustrada) procuraba que los responsables de las represiones homofóbicas de los primeros 30 ¿o 40? años de la Revolución, pidieran disculpas a sus víctimas.” Lo que me recuerda que en muy cercanos días anteriores El País también publicó una entrevista a Ileana de la Guardia, hija de un señor que también hizo la Revolución junto a Fidel Castro pero posiblemente él y unos cuantos más creyeron de forma ilusa que eran más inteligentes que la Revolución y la Revolución los mató y les cortó la lengua porque la Revolución es Fidel y no, no puede existir nadie más inteligente que Fidel, que es la Revolución, aun cuando ya no se le vea tanto: en resumidas cuentas, la Revolución tampoco se ve hasta que te mata de verdad o hasta que te das cuenta que ya te has muerto y tienes que seguir viviendo el resto de tu vida como muerto (un montón de gente como ejemplo). Esto contradice un poco lo que pretende la Sra. De la Guardia-Masetti, que ya nadie haga daño a nadie, que no se cometan venganzas, y que su tío o su papá o no sé quién sean respetados y a los que han sido malos se les olvide y a los que han sido buenos (y me estoy refiriendo al pueblo de a pie, a los verdaderos sufridores) se les diga que serán más buenos si se olvidan de los malos. En mi modesta opinión, creo que eso no lo puede controlar nadie. Y lo que vaya a pasar, pasará. Tan simple como la canción. Por demás, la venganza es más un deseo enrabietado que algo concreto. Ojalá hubiera justicia, y justicias y justicias, pero me temo que las mesas de la verdad se van a quedar sin platos ni manteles ni servilletas ni cubiertos, sin comida y sin comensales.

Y para despedirme de mi público, sólo un detalle ínfimo, una bagatela en la que no repara nadie, una perversión de la corrección política. He leído varias veces el verbo "tolerar", sus sustantivos y sus adjetivos. Como homosexual, les aseguro que no existe nada más humillante en el mundo que ser tolerado. Y si no, preguntádselo a las moscas.


©2008, David Lago González

lunes, 14 de julio de 2008

FORO ATLÁNTICO, Madrid (6) (and... in the end)

Las gusanas




a Blanca Mayo,
a Emilia Espinosa,
a Agustina González-Fagundo



Las tres de la tarde es una hora crucial en la isla de Cuba.
Por aquel entonces se comía una sola vez al día,
y el resto se pasaba con “boberías”.
Pero, ¡ah! Las tres de la tarde...
Las tres de la tarde, atentos y aburridos oídos de estas historias...
eso era otra cosa.
Porque además de la ancestral solemnidad del buchito de café,
que se toma en tazas pequeñas, caliente, amargo, de sorbito en sorbito,
de comentario en comentario, de recuerdo en recuerdo...,
era también la hora de nuestra pequeña venganza.
Blanca, Emilia y Agustina compartían barrio desde el 47,
con calle de tierra, fosa séptica y gangsters en las lejanas ruletas de Sans Souci.
¡Qué exotismo entonces las fotos de Jessie Fernández!
Ellas habían saltado del campo al pueblo y del pueblo a la ciudad,
y ahora saltaban de una acera a la otra,
convocadas por la complicidad de la nariz y la lengua.
Los años las habían hecho mucho más que amigas: eran compañeras,
mudas observantes de la miseria que iba apoderándose de cuerpo y alma,
tristes comentadoras de la desilusión.
Un día en casa de una; otro en casa de la otra;
una tarde repetía la primera o se saltaba a la tercera.
No había mucho orden. Nunca ha habido mucho orden en Cuba,
ni siquiera a la hora crucial de las tres de la tarde.
No se repartían “pastas”: ni eran tan finas, ni tampoco existían.
Pero el estraperlo negro del cafeto no faltaba.
Blanca bordaba casi ciega. Emilia rezaba.
Agustina cosía como una loca
y decía que aunque tuviera que meterse a puta
nunca dejaría de tomarse el café de las tres ni de compartir eso,
la desilusión que las hundía y el “gusaneo”, con sus amigas del alma.
Así lo hicieron, ¡qué exotismo entonces las fotos que nunca se hicieron!
Se llamaban a la puerta: “oye, vamos, que hoy le toca
a Blanca...
a Emilia...
a Agustina...”

No eran malas personas, pero no creían en nada de lo que estaba pasando.
Una de ellas... era mi madre.


(Madrid, 25 de noviembre de 2000)
©2000, David Lago González
(de “Tributos”)

domingo, 13 de julio de 2008

Mi madre (Mo's quotes)

"¡Como no bajes la música, te voy a matar con una merluza soviética!"

viernes, 11 de julio de 2008

FORO ATLÁNTICO, Madrid (5)

COSAS QUE DIJE, COSAS QUE NO DIJE y COSAS QUE HUBIERA QUERIDO DECIR.



(COSAS QUE DIJE)



Yo nací en Cuba en el año 50. Con los años de insurrección fidelista (desde el 53) + los del comunismo (hasta el 82 cuando salí de allí) + los del post-comunismo (hasta este mismo instante en que estoy hablando), he vivido toda mi vida “en revolución”, 58 años, y aunque lleve la mitad en España el daño está hecho y no lo arregla nadie, ni aunque Fidel se muere mil veces y Raúl alcance el Vaticano. Por eso me refiero solamente al comunismo como escenario vital. Política y socialmente, pertenezco a una clase creada por Fidel bajo el nombre de GUSANOS. Esta clase es muy numerosa --muchas veces nos preguntábamos cómo era posible que la Revolución existiera habiendo tantos gusanos--, pero a nadie le gusta mucho hablar de ella. Atacada por la oficialidad cubana más contundente, también es mal recibida por la intelectualidad (siempre oficial en Cuba y, por tanto, la única válida) y subvalorada cuando esa intelectualidad se recicla y se hace mundial, “civilizadamente” presentable. O sea, no la consideran “disidente”, ni patriótica, ni luchadora incansable por la libertad, etc. Sin embargo, conforma la mayor parte del pueblo cubano y (yo considero que) es la verdadera disidencia popular.

Aquí se ha hablado con más y con menos acierto. Ya que de colonias se trata, me parece que “los criollos” nunca fuimos ni nos consideramos a nosotros mismo como La Perla y no padecemos el Síndrome del Maine que padecen genéticamente los descendientes peninsulares de nuestros ancestros españoles.

El embargo norteamericano no debería levantarse --ésa no es la cuestión-- mientras que se sepa que de eso sólo se va a beneficiar el turismo extranjero (que, de hecho, nunca se ha enterado de ningún embargo) y la clase dominante cubana (de la misma manera que sucede con los dictadores africanos de países que reciben ayuda humanitaria)


(Vargas Llosa hizo “un llamamiento” a que las participaciones fueran comedidas o algo así, cosa que quería decir que yo había hablado mucho, e inútilmente como suelo hacer. La cara de Vargas Llosa puede ser muy dura e inexpresiva. Ni sombra queda del Varguitas de La Catedral ni del sobrino de su posterior primera esposa en “La tía Julia...”, con el que me sentía tan a gusto. Me habría gustado alguna vez contarle del salto (físico, real) que di en la cama, en el país mío de Camagüey, cuando descubrí el secreto de la trama de La Catedral, pero aprovechando que ambos participábamos en el primer homenaje a Gastón Baquero, yo me fui con mis libritos (de mierda) y cuando pude se los entregué (ESM: en sus manos), y él ni me miró siquiera, peor que Francisco Umbral cuando le servía chopsuey de ternera. Así que nunca le conté lo del salto y la sorpresa y mis gritos de "¡genial genial!" a los que acudieron, preocupadas, mi madre y algunas vecinas que tomaban el fresco en la calle. Pero en fin, él nunca será tan poeta como yo.)




(COSAS QUE PENSABA MIENTRAS HABLABA)

Todo esto lo estoy diciendo tan mal que es farragoso, casi ininteligible. Me sucede que cuando quiero hablar, se me acumula como una especie de ira que me hace llegar hasta el temblor, y temblar en público es ridículo.


Con lo de los “gusanos” quería decir que la lucha por los presos políticos me parece muy lógica, pero “disidir” no es solamente anotarse en una asociación no autorizada por el stablishment cubano. No sé si antes del 82, año en que me relacioné con el mundo de verdad (éste), los presos políticos eran tan importantes como lo son ahora, aun cuando el número (y, sobre todo, antes de 1980) era significativamente mayor. Pero desde muy temprano sí siempre se supo en los cien metros de nuestra vida cotidiana quiénes era los gusanos aun cuando perteneciéramos al CDR, lo cual no quería significar nada. Eran y éramos personas que actuábamos a cara descubierta, acatando mandatos, marchas (ya antes de la invasión de Girón marchaba en un batallón de mi cuadro bajo el murmullo gusaneril de “un, dos, tres, cuatro: comiendo mierda y rompiendo zapatos”), desbroces de la mala hierba los domingos, guardias infinitas del comité; por otro lado, el duro, durísimo y vulgar mundo de las colas. Éramos como los judíos del ghetto de Varsovia, otro ghetto y otra Varsovia, llevando brazaletes invisibles, mirando azorados, resignados o alterados aquella sandía que se nos resistía a ser nuestra. Muchas veces he dicho que la diferencia entre las distintas oleadas migratorias cubanas está simbolizada por una jaba: esa jaba contiene la barbarie de la elementalidad. La década anterior partió y muchas veces olvida que alguna vez tuvo una jaba entre sus manos. Los que salieron en el año 59 o 60 no pueden acordarse porque simplemente no pueden recordar lo que todavía no había comenzado a existir.


Los gusanos no eran tan elementales ni primarios como para no ser tomados en cuenta. Eran la infantería de los que los cincuenta o los cien que ahora están en las cárceles, o tal vez ni eso, no por culpa de los gusanos en sí, sino porque tal vez las madres y abuelas de los ahora encarcelados eran personas “integradas”. La “integración” es el nivel más bajo de la colaboración con el stablishment. Pero (mira tú por dónde... por dónde no se vea a nadie que nos esté escuchando...) resulta que hoy sus hijos “luchan” por la libertad de Cuba. Pero los gusanos tenían un pequeño coraje a flor de piel cuando se decía aquello de “gusano sí, y a mucha honra”.

Pero para o por los gusanos no se crean congresos. El miedo y el valor de estos miles de personas no sirve de nada. Lisette Bustamante no llora por ellos ante las cámaras de la CNN. Estas mujeres que parecen de la Liga Católica mirarían con un desprecio criminal si mi madre estuviera aquí y, ácida e inteligente como siempre fue, dijera: “los cubanos, m’jita, que los compre quien no los conozca...” y eso que era blanca, blanquísima, hasta sefardita de tan pura. Cómo mirarían, pues, a la madre de Zoé Valdés.

Y bien, ya me he ido, no por los cerros de Úbeda sino por los Pirineos y los Alpes (a los Andes que se vaya Amaury Pérez) y lo último que había dicho era eso de los “dictadores africanos de países que reciben ayuda humanitaria” y quería poner un ejemplo ilustrativo de adónde van a parar esas ayudas cuando se levantan los embargos o cuando alguien dice que los embargos no funcionan y se deben eliminar para que todo llegue al pueblo, al pueblo llano, que en Cuba son millones de gusanos, sub-especie que no tiene derecho a vivir. Pero, resulta que a mi lado estaba Felita Menocal y seguir hablando implicaba decir que a nosotros no nos importó para nada los “patriotas” de la invasión de Bahía de Cochinos (para mi generación fueron simplemente “los mercenarios de Playa Girón”), lo cual podía causarle un ICTUS o terminar yo siendo víctima de sus justificadas agresiones. Estas son las





(COSAS QUE NO DIJE.)


Y lo ilustro con un ejemplo de algo que recién me ha sucedido ahora por la mañana, de lo cual me enteré por casualidad y quiero señalar el tiempo real que ha transcurrido desde eso (más de 40 años).

Hay muchas cosas que se miran y se miden de muy diferente forma estando fuera o dentro de Cuba. Entre unos amigos, yo me refería a que para mi generación los invasores (y todavía utilizo el término oficial cubano) de Playa Girón sólo habían sido importantes porque al final de aquel proceso los cambiaron por medicamentos, y los hippies de entonces nos beneficiamos de los anfetaminas norteamericanas (dexedrina compuesta) que venían en forma de corazón y de color verde, por lo que popularmente se les llamó “corazón contento”. En eso un amigo me interrumpió y me dijo “y de las compotas”. Y yo le dije: “¿Las compotas? Eso habría sido porque tu padre era comunista.” Efectivamente, su familia era una familia revolucionaria, y a ellos sí llegaron las compotas (y supongo que otras cosas) mientras que al pueblo llano NO. Eso es lo que se consigue con ayudar a los dictadores: cebarlos a ellos y a sus acólitos.


-----------------------o------------------------

Pero como no lo dije, hice un ridículo tremendo, pero a Felita no le dio el ictus. Y colorín colorao, este cuento se ha acabao y también el Foro Atlántico, así que, ahora, cada cual a sus miserias.

martes, 8 de julio de 2008

FORO ATLÁNTICO, Madrid (4) (retomando Foro Atlántico 1)


Luego nos fuimos Waldo, Orlando y yo en busca de un bar donde tomarnos unas cañas y terminamos en un agradable rincón libertario llamado "El Alambique".

Minutos después entró un grupo de chicos, que resultaron ser del colectivo "Sierra Maestra" al que me había enfrentado yo frente a la sede de Caixa Forum. Consultaron con el barman para irse al fondo, supongo que a liar con más intimidad sus porros. Evidentemente me reconocieron, y al poco rato nos dieron un pequeño y festivo acto de repudio (me persiguen como la Revolución, razón tenía Queta Pando cuando decía "por mucho que huyas de La Ciguaraya, ella siempre te atrapa") entonando un gran viva a Fidel, la revolución cubana y, además, al Che (así, especificado y señalizado). Yo tuve deseos de instruirle en el olvidado arte de los himnos revolucionarios cubanos, cantándoles aquél sobre la historia de La Revolución ("la sangre, que en Cuba se derramó, nunca la debemos olvidar..."), el himno de la campaña de alfabetización ("Estudio, trabajo, fusil, lápiz, cartilla, alfabetizar, alfabetizar: ¡venceremos!"), el primer y único slogan comercial de la era comunista ("Compre lo que se anuncia: el producto que se anuncia ayuda a Cuba" --el producto anunciado eran huevos de gallina, totalmente agotados a partir del Mariel del 80) y aquella hermosa canción que cantaban en suprema sintonía Ramón y Coralia Veloz ("Oye, tú que que dices que lo tuyo no es tan lindo... un Fidel que brilla en la montaña, un jazmín, cinco franjas y una estrella..."), pero la cordura de mis compañeros de caña y agravio me lo impidió. Estoy seguro que habríamos terminado abrazados: muchos de los últimos actos de repudio de mayo del 80 se disolvieron en sí mismos cuando el repudiado salía de su casa y se unía a la conga de los repudiantes: como todo era falso, terminaban bebiendo juntos (eso es Cuba siempre, una pachanga, y es en lo único que somos hermanos)

Verdaderamente lo que me producen estos chicos es una infinita tristeza. No es rabia ni se me ocurre en ningún momento contraponer un "¡Viva Franco!" a un "¡Viva Fidel!" o un "¡Viva el Che!" porque en cuanto a dictaduras y totalitarismos nunca se me ha ocurrido pensar que es válido el dicho de "un clavo saca otro". Mi rabia va más contra la vileza y la miseria humana, y el oportunismo de los que ejecutan las ideas. Pero repito, estos chicos, su acción contra nosotros, su fe teocrática y, por tanto, irracional, me dan tristeza. En El Alambique comenzó a sonar de fondo una conocida y ya vieja canción de Steve Miller Band: "some people call me the space cowboy..."
Estoy seguro que compartimos el gusto por esa canción, por esa música, incluso por otras mucho más actuales a pesar de los años que nos separan (al fin y al cabo, soy casi el único super-pop vivo de Camagüey --los demás fuimos Carlos Victoria y Carlos Alonso, Elio Poblador y yo); estoy seguro que compartimos otros muchos gustos y afinidades, literarios, artísticos, incluso políticos. Pero nos separa abismalmente un desfase de nuestras respectivas dimensiones.


Desgraciadamente, "tristemente" vuelvo a decir, ya me ha pasado antes muchas veces con amigos más cercanos en edad, y que han terminado volviendo a sus palacios de invierno. Los cubanos semejantes a ellos descolocamos demasiado la imaginería ideológica de sus fantasías juveniles, y esa razón aplastante con la que yo he tenido que cargar prácticamente desde el momento de contar con su uso (no he dicho "con su disfrute") es demasiado pesada, y produce totalmente lo contrario al efecto de una de esas ficticias cremas anti-edad de L'Ôreal.............pero, "yo lo valgo"

lunes, 7 de julio de 2008

FORO ATLÁNTICO, Madrid (3)


La FECU me da verdadero miedo. Las ponencias de Ernesto Gutiérrez Tamargo, su secretario general, son siempre muy amenas e instructivas. Pero hay algo en ellos, no sé, que me intimida seriamente. Me parecen como una secta, o algo masónico. Transpiran una seguridad tan exacerbada que más parecen eso, precisamente: agentes de la seguridad. Gente que tiene en sus manos el dominio de tu vida (de mi vida, que ya no vale ni siquiera un poco...) Y esa mujer, altíiiiisima, con ese "colpo di vento" años 70 eternamente impasible e igual encima de aquella cabeza, que es como una parte independiente de su cuerpo: su cuerpo, y la cabeza. Y el peinado. En la sesión de la tarde habló. Como ponente. Como comentarista paralela lo hizo profusamente en la mañana, junto con otra señora, gruesa, a las que tuve que mandar callar porque no respetaban el turno de una ponente. Me molesta tanto la falta de respeto... Mientras hablaba ella, un señor detrás de mí comentaba "...y ahora ésta, después de 50 años en España, se mete en política... no entiendo nada".

Yo tampoco, señor. Yo tampoco.

FORO ATLÁNTICO, Madrid (2)


Al bajar en el ascensor coincidí con el (ex) Director de Salud Pública cubana y una familia cubana con aspecto de "ancien regine" (dos hombres y dos mujeres). En el turno de comentarios del público ese ex-funcionario estatal se había identificado y había hablado sobre cómo se falseaban las estadísticas en Cuba sobre los "maravillosos" parámetros de la sanidad en la isla, fue muy elocuente. Fue el último que entró. La señora más joven le felicitó por lo que había contado y comenzó a relatar una anécdota que consideró asociada al tema de las estadísticas. Contó que ellos habían salido en el año 60, su padre había sido médico (o director, no recuerdo bien) de la Clínica Covadonga y que en una ocasión, estando ingresado aquí en Madrid, habían coincidido con un enfermero que les había dicho que se había graduado en medicina en Cuba, y en quince días. Yo no pude resistirme a objetar educadamente de que eso era imposible, a lo que ella me contestó que tenía las pruebas (una carta o algo así). Yo volví a insistir sobre la imposibilidad de tal posibilidad, añadiendo que las cosas podían funcionar muy mal pero no hasta ese extremo. Un señor de espaldas a mí, presumiblemente su esposo, quiso dar por zanjado el asunto, y dijo: "Bueno, si no fueron 15 días, sería un mes." "De cualquier forma, es imposible." La mujer me miró con una insolencia ofensiva. Así llegamos al primero, que en el edificio de Caixa Forum-Madrid es el principio de la salida, a la que hay que llegar bajando una escalera. Iban delante de mí, y dejó en el aire vibrando un "parece que habrá que irse de España también". Hice un comentario de pasado al antiguo director exilado, por el que recibí una indiferencia tan ofensiva como la mirada de la dama. Parece que hay algo en común entre los antiguos ricos y los nuevos ricos: gente así justifica que la Revolución haya existido.

FORO ATLÁNTICO, Madrid (1)

Hace días que no escribo en este blog. Tengo que colgar elucubraciones antiguas, seguir desarrollando el tema de las "taras pequeño-comunistas", pero estoy tan disperso. Dios, esta dispersión me mata. Ya llevo cada día peor lo de ser un outsider, un maverick, un alien, en todas partes del mundo. ¿La gente entiende cuando hablo? ¿O simplemente simula no entender? De cualquier forma, salvo contados amigos (por lo general, de siempre), todos ponen cara de poker. Sin embargo, sé que no estoy loco, quizás sólo un poco exaltado, como si estuviera colocado.

Cuando bajé del ascensor y salí a la calle, me fui hacia la veintena de chicos "anti-fascistas" que vociferaban frente a Caixa Forum llamándonos "mercenarios" (es la última paralabreja oficial cubana, ya utilizada un millón de veces antes). Y comencé a gritarles "¡Y además, maricón!" Entonces vinieron dos policías y me pidieron que no gritara, que lo que buscaban era la confrontación. Yo también, pensé.

La imagen del Che lucía bien sobre una bandera azul. El azul es mi color favorito.








Todas las fotos son copyright de José Armando Rodríguez.


sábado, 7 de junio de 2008

ELOGIO DEL EXILIO David Lago González, 2000.

Si yo tuviera que identificar el exilio con algún color sería con lo negro. El exilio es todo como una bruma, como un negro... Pienso en el exilio como en un color único.
Reinaldo Arenas
(Ette, Entrevista, 1992)



It’s a new dawn,
it’s a new day,
it’s a new life for me
and you know how I feel.

(Canción interpretada por Nina Simone)



El exilio como tal es, en la mayor parte de los casos, una decisión personal –salvo la costumbre de la extinta URSS de expulsar a ciertos ciudadanos disidentes, también, curiosamente practicada por los EE.UU., p.e., en los affaire Chaplin y Polanski-, pero nunca exento de unas circunstancias adversas, ya sean políticas, económicas, morales o incluso familiares, que lo determinan. No hay fórmulas perfectas para asumirlo; no hay preparación posible por mucho que se ansíe poner tierra de por medio; no existe manera alguna de visualizar lo que será “Aquello” hacia lo que vamos, creemos que, dispuestos de la más indestructible voluntad, tenacidad, agresividad (en el buen sentido de la palabra) e incluso voluptuosidad (dependiendo de la edad, nunca se sabe lo que el futuro pueda terciar...) y la más férrea determinación por abrirnos paso hacia otra vida o hacia otro margen más amplio de libertad, aderezado, en los supuestos de diletantes y artistas, por esa curiosidad que conduce al interés por culturas y costumbres que enriquecerán -si el emigrante no opone resistencia- las suyas propias. Pero hay algo inicial que, sin duda alguna, ayuda en la asimilación y la incorporación del destierro como forma de vida y no como un “lamento borincano por la patriecita y el patiecito con la matica que dejamos atrás”, y se llama “ruptura”. Es posible también que dicha ruptura no se produzca como punto de partida sino como parte del proceso de aceptación de que la vida definitivamente ha cambiado. El espectro del transterrado –y utilizo esta palabra casi aséptica para evitarme las sutiles y abismales diferencias entre exilado, emigrante y demás variantes-, desde cualquier punto cardinal que intente medirse, es tan amplio que lo hace casi inabarcable, y por ello intentaré ajustarme a ámbitos más o menos intelectuales, que los centran todos y a su vez le proporcionan quizás una cierta dimensión más flexible.

Muchos cubanos, sobre todo al principio de la Revolución, partieron de Cuba con la idea de que aquel viaje no sería más que una estancia de meses o de pocos años, y en ese sentido no salieron, efectivamente, a hacer “las Norteaméricas” o “las Españas”, sino a esperar. Bastante de ellos ya no existirán y dudo que el resto mantenga la misma idea después de más de 40 años y, mucho más, que sean verdaderamente capaces de readaptarse a la actual sociedad cubana, por muy híper-cubanos que se sientan, se crean y lo sean

Ciñéndome a la primera mitad del siglo XX, también muchos españoles partieron hacia Cuba: unos con la idea de “hacer las Américas” y volverse al terruño; otros, quizá por la misma razón, y la mala suerte o el amor borró la idea del retorno; y otros, finalmente, con la determinación de no volver a España nunca más y hacer de Cuba su nuevo país. No sé a cuál de las últimas dos especies pertenecerán mi padre y mi familia, pero si algo me enorgullece de ellos es que en todo momento supieron acatar y adaptarse a las normas sociales, costumbres y modismos idiomáticos que aquel país de acogida les imponía de forma natural y a modo de supervivencia, haciéndolos suyos, sin cargar los propios a sus descendientes en lo que hubiese sido un muy poco pragmático e impositivo estilo de educar, y respetando en todo sentido un pueblo ajeno que se iba haciendo suyo sin que por ello perdieran un ápice de su identidad: se pierde lo que se adquiere, pero no aquello que ya eres. He de subrayar que al decir que incorporaron una especie de adaptación de la idiosincrasia cubana, la mayoría de ellos fue lo suficientemente inteligente como para dejar fuera la incorporación de degeneraciones populacheras.

En Cuba existía, como en todas partes, una infinita gama de actitudes sociales, pero se daban con frecuencia dos a las que quiero referirme: por un lado, los pueblerinos y provincianos que, sin entrar a analizar motivos, renegaban de sus orígenes y convertían La Habana en mira y razón de toda su existencia; y por otro, pueblerinos y provincianos que, sin entrar a analizar motivos, aceptaban las circunstancias de su localización natal y para los que la capital de la isla era simplemente una ciudad más. Paradójicamente, muchas veces esos provincianos a gusto resultaron ser más cosmopolitas que los provincianos a disgusto y al abandonar Cuba y La Habana hacia otras urbes mayores, más impersonales, deshumanizadas y solitarias –como, en fin de cuentas, corresponde a toda concentración mayor de personas-, los últimos terminaron sublimizando todo aquello de lo que en su país de origen habían renegado, defenestrado y de lo cual se habían sentido tan avergonzados: campo, pueblo, provincia y costumbres derivadas.

Tal vez también en ciertos casos –que, dada la presencia española en Cuba, podrían ser bastante numerosos-, el simple hecho de pertenecer a una familia de emigrantes/inmigrantes ha facilitado al menos un estado de inclusión que, más que social, se vuelve interno, personal, y ayuda ciertamente a vivir más en paz consigo mismo; y, curiosamente, en muchas ocasiones en lo que menos auxilia es a que la propia comunidad de origen lo acepte tal cual sin considerarlo una pedantería o una traición. En mi caso particular, ningún integrante de mi familia española tuvo jamás que decirme que emigrar era, es y seguirá siendo, la última carta de la baraja y que son muchísimos los que sólo lo hacen una única vez. Me ofende en silencio cuando algún cubano, incluso amigo, dice en voz baja “este gallego de mierda” o “cómo son estos gallegos...” cuando en primera ni siquiera saben si son de Galicia o de Extremadura, y porque, además de que tales observaciones dejan mucho que desear en cuanto a sí mismos, también por otra parte están de hecho y sin ningún permiso omitiendo un lado de mi vida y de mi carácter que está totalmente integrado en mí, e independientemente de lo que ello me afecte, es una falta de respeto que a la mayoría de los cubanos no le gustaría que le aplicaran con el gentilicio que le toca. Yo no alcanzo a comprender por qué razón, si nos hubiésemos ido a EE.UU., habría sido comprensiblemente lógico intentar hablar el idioma oficial de ese país con el menor acento posible, y este juicio se extiende a cualquier otra nación cuya lengua no sea el castellano. Sin embargo, cuando nos referimos a España, la cosa cambia, hasta el punto de que a mí se me ha sugerido “hablar en cubano” cuando estoy entre cubanos y “hablar en castellano” cuando estoy entre españoles (¿tendré que aprenderme todas las lenguas regionales, con el lío que hay aquí?). Lo siento por los que consideran lo último como una traición a La Patria (yo la traicioné desde que me di cuenta que sólo me interesaba como mero escenario de mi vida, igual que ahora España, pero es hasta posible que esa falta de “reafirmación” sea verdaderamente la certeza íntima y profunda, sin conflictos, de que no hay razón para reivindicar aquellas cosas que nos son naturales, como, por añadidura, ser heterosexual u homosexual). De cualquier forma, yo voy a seguir el ejemplo de mi padre: respetar el país donde escogí vivir, y por ello no pierdo, estoy seguro, lo bueno que me dio la tierra en que nací. Es posible que a estas alturas ya uno no pertenezca más que a micro-mundos de un lado y de otro, o de muchos, que conforman propiamente una minúscula patria llamada “uno mismo”.

Entre los dos exergos que encabezan este trabajo existe un contrapunto que puede ser equilibrio o abismo. No comparto totalmente ni uno ni otro (aunque evidentemente Nina Simone no estaba refiriéndose a migración alguna). Muchas veces me he preguntado qué es lo que se pretende “alcanzar” al salir de Cuba, desde el sujeto más simple hasta el más complicado, y muchas veces no he sabido responderme. Cuando en La Habana, Reinaldo Arenas hacía suyo el dicho popular de “¡Nunca podré quitarme el yarey de las patas!” refiriéndose a su monte (cuasi) holguinero, no sabía que estaba siendo profeta en su tierra con su propio destino, y aludo a él específicamente porque me parece un extremo sui generis de lo que es reducir un horizonte más amplio a una visión totalmente campesina, incluso ese arrebato patriótico desfasado en tiempo y actitud para los que, como él, habíamos vivido la primera mitad de la Revolución y hasta con la propia imagen que de sí proyectaba en los cogollitos habaneros, que enarboló desde su primera entrevista para “Buenos Días, América” (1980) hasta sus últimos momentos, a no ser que quisiera emular a Martí, o la imagen enaltecida y deformada en que ha devenido. No sé cuánto tiempo le duró la felicidad inicial del deslumbramiento, pero por mi parte aseguro que a pesar de ser engañado por el cónsul español en Cuba para ahorrar a la metrópoli los costes de nuestra repatriación, lo que nos originó innumerables contratiempos; a pesar de haber sido rechazado inicialmente por mi familia gallega, por una serie de malentendidos que no viene al caso explicar; a pesar de las cuatro caminatas diarias que daba desde Corredera Baja de San Pablo hasta la calle de Canarias para ahorrarme el transporte y los no sé cuántos meses en que tardé en tomarme un café en un bar; a pesar de los millones de platos y copas y calderos que tuve que fregar en restaurantes chinos (tarea ante la cual los “super-machos cubanos” que antes de salir se vanagloriaban de comerse el mundo, se “rajaban” con una frecuente y vergonzosa facilidad); a pesar de comer en comedores para refugiados e indigentes (el del convento de la calle Martínez Campos, no gracias a Sor Isabel, sino a la mediación de Dña. Emedina Díaz –madre de Mario Parajón- que de un día para otro convirtió a la monja en una dulce yemita de Santa Teresita de Jesús); a pesar de todo lo malo y lo bueno que paso por alto detallar porque no se trata de mi autobiografía; incluso, a pesar de compartir el mismo virus que llevó a Reinaldo Arenas al suicidio (ciertamente aseguro que la atención sanitaria española al respecto es muy superior a la norteamericana); creo realmente que en ese amplio espacio entre las dos citas –la de Arenas y la de esa maravillosa canción- existe una gama de innumerables risas y desdichas que supera con creces, para bien y para mal, los casos expuestos. La nostalgia es un lujo que el transterrado no se debe permitir, y transterrar no es solamente un viaje hacia el exterior sino también una introspección, hacia nuestro espíritu, hacia nuestro carácter, hacia nuestro pasado y nuestros orígenes. También hacia nuestro futuro. De haber sucedido lo contrario (o sea, de no haber emigrado), la vida igualmente habría seguido su curso; por tanto, todo cuanto nos pase ahora y aquí o allá o acullá, no es totalmente imputable a España, a EE.UU., o a Cuba, sino también, y sobre todo, a nosotros mismos.


(Madrid, 3 de julio de 2000)
©2000, David Lago González

lunes, 2 de junio de 2008

TARAS PEQUEÑO-COMUNISTAS : INTROITO


Los que nacimos en Cuba en el año 1950, o en sus alrededores tanto por defecto como por exceso, crecimos en dos tipos de sociedades y recibimos dos tipos de educación: la judeo-cristiana y la marxista-leninista, la burguesa y la comunista. La segunda negaba la primera y nos hacía culpables de ser portadores de lo que dieron en llamar “taras pequeño-burguesas”. La primera ya nos hacía culpables involuntarios de una larga lista de responsabilidades que la segunda, de ninguna manera, abolió, sino que transformó y rebautizó a su antojo para convertirnos en infractores todavía más conscientes de su delito. Mucho escribieron los teóricos y hablaron los oradores comunistas sobre el primero de los males y sus consecuencias y desviaciones, y en particular la oficialidad cubana ha agotado profusamente el tema, generando un léxico particularísimo y convirtiendo el extenso repertorio en una especie de letanía amenazadora. Desde cierto punto de vista religioso, no hay diferencia. Pero en lo que no se ha abundado bastante es en las consecuencias de esa educación marxista-leninista y en los traumas y desviaciones heredadas de la etapa comunista cubana, en la, evidentemente, la particularidad de un liderazgo omnipresente, uni-personal y masivo al mismo tiempo, ha acentuado hasta cotas insospechables el mal padecido.

Por asociación e irreverencia, yo las llamo “taras pequeño-comunistas” y hoy comienzo a especular con ellas.



©2008, David Lago González

domingo, 1 de junio de 2008

AN AFFAIR TO REMEMBER -- COSAS QUE MARIELA (Castro) OLVIDÓ PREGUNTAR A SU PAPÁ o QUE SU PAPÁ RAÚL OLVIDÓ CONTAR A SU HIJA

(TESTIMONIO enviado por mi amigo Elio Poblador y con el que inauguro los posts de AN AFFAIR TO REMEMBER, sobre memorias y recuerdos que nunca deberíamos olvidar y que, si bien no nos mataron físicamente, nos han dejado hecho añicos para el resto de eso que llamamos "nuestras vidas")


Recuerda que yo era de las Lumbreras en la Secundaria, allá por los años 60's, académicamente en el TOP TEN "de la Región" (Según Ovidia Morejón, la directora de la escuela secundaria del Carmen) para de pronto, un día inesperado y por obra y gracia de las FIESTECITAS DE AMBIENTE A LA "AMERICAN WAY OF LIFE" (Primera pagina del periódico “Adelante”) y luego de un tedioso y absurdo juicio que tomó meses y más meses, encontrarme catapultada a una de esas unidades del SMO para entonces ser objeto de "la Cama" armada por "pastilla de Menta" ( te acuerdas de él?) y un par de oficiales que ya en ocasiones y en secreto me habían preguntado si yo de verdad era maricón, pues me querían singar.

El caso "Pastilla de Menta" (nombre del juicio) me convirtió, del día a la noche, en "Diana La Cazadora" luego de mi sonada y triunfal entrada a la cárcel de Francisquito "La Cuadra" (acento en la última A) por Real mandato del presidiario mayor Macho "El Lechero" donde él era, no otra cosa que el Rey del patio.
¡¡¡Como me daba comida!!! (y pinga por la noche).

Todo esto, no mas que el preludio de la vida que me esperaba y que ya conoces, donde no me quedó otra alternativa que tener que cargar a diario con el galón de "barnis" y con el tristemente célebre estigma de haber sido una de las participantes y protagonistas de las fiestas de perchero llevadas a cabo en la quinta del Corruptor de Menores Miguel Betancourt a la salida de Camaguey
No se si alguna vez te dije que a Miguel Betancourt al fin tuve la oportunidad de conocerle en uno de esos viajes en que juntaban a todos los presos durante la Zafra de los Diez Millones en uno de los campamentos en "El Mosquito" donde éramos obligados a cortar caña como maquinarias mientras tratábamos de que los mosquitos no nos disecaran antes de llegar al final del surco. De este modo y cuatro anos luego de mi condena por participar en las fiestas del perchero celebradas en su casa le pude conocer pues siempre sentí curiosidad por saber quién era, siendo él el motivo del comienzo de mi vida en presidio.
Me sorprendió ver que era un hombre ya bien mayor, de finos modales, y no se me olvida cómo lloraba y me pedía perdón por lo que me había hecho, aunque la realidad era que nosotros nunca antes nos habíamos visto, yo nunca había participado en ninguna de sus fiestas pues ni siquiera sabía dónde quedaba su finca.

Que te puedo decir???!!!! Surrealismo Tropical "Made in Cuba"



De publicar esto, puedes agregar que a mí me reclutaron en el 4to llamado del Servicio Militar semanas antes de los exámenes finales de mi tercer ano de Secundaria Básica, por lo que habría pasado al Instituto Preuniversitario. Ellos me repetían que yo me graduaría estando en el Servicio, que no me preocupara por eso; sin embargo y no obstante a mi temor por la pérdida del curso y a mi insistencia a que esperaran al término de las clases, lo que recibí en respuesta, y por manos de un militar que un día se personó en mi casa, fue la citación para que me presentara el 21 de Abril del 1967 (día de mi cumpleaños) en el Estadium de Camagüey, desde donde me lanzaron, junto a tres mil nuevos reclutas, a un lugar llamado El Condado, en el Escambray; allí pasé los primeros tres meses de mi vida como recluta: entre las montanas, torrenciales aguaceros, mucho fango y prácticamente sin comida, preparándome, como nos repetían a diario, para defender la patria contra el imperialismo yanki que muy pronto nos iba a atacar. De ahí y luego de 35 libras de menos, fui enviado al Estado Mayor de la DAAFAR Centro en Las Villas. Éste era una enorme base militar a las afueras de la ciudad, detrás de una clínica de locos, que, si no les dabas "un medio" cuando te lo pedían al tú pasar cerca de ellos, te empezaban a insultar y a gritarte "Fidel maricón , me cago en tu madre".

Como es lógico, yo nunca cesé de reclamar mis exámenes finales para mi acceso al "Pre". Tres años después, luego de uno como recluta y dos como presidiario, cuando me presenté en "La Facultad Obrero-Campesina" con mi carta de baja deshonrosa del Servicio Militar me dijeron que podía comenzar de nuevo el tercer ano de Secundaria pero que al Preuniversitario iban solamente los graduados salidos directamente de las escuelas secundarias. Luego de esto, qué otra mejor alternativa que "El Bosque" o "La Feria" donde, al otro día de la borrachera te dabas cuenta que al fin habían logrado convertirte en eso que ellos llaman "el hombre nuevo".

¡Ah!! hay un detalle increíble en los cuerpos represivos formados por los guardias que eran asignados a las granjas de maricones y es que siempre mandaban guardias negros que todos los meses eran reemplazados por otro grupo de nuevos negros. Esto lo hacían porque a los maricones no les gustan los negros, además de que los negros no eran bugarrones. Los reemplazaban periódicamente "por si acaso" para evitar tentaciones.
Esto no lo estoy inventando. Esto me lo dijeron a mí tres de ellos en tres distintas ocasiones mientras singábamos dentro del cañaveral.

sábado, 31 de mayo de 2008

GENERATION "Y" -- This is what they talking about?

HERE IS THE KEY TO THIS (SO-CALLED) "GENERATION" THING:


The Silent Generation... people born before 1945.
The Baby Boomers... people born between 1945 and 1962.
Generation X... people born between 1963 and 1976.
Generation Y... people born between 1977 and 1999.


Why do we call the last group of people Generation Y?
I had no idea until I saw this caricaturist's explanation!
A picture is worth a thousand words!

sábado, 24 de mayo de 2008

LO CUBANO (Un sueño)







a mi madre, a mi familia, a vecinos y personas que recuerdo
y con los que vivo cada día



Lo cubano no es obligatoriamente lo chabacano, el mal gusto y esos aires de conga perpetua y multifuncional que la Revolución, seguramente sin pretenderlo, ha terminado por implantar en la vida de las personas, e incluso en la imagen de las instituciones. No es la degeneración lingüística, la monstruosidad fonética, no es reducir la moral y la amoralidad a la inmoralidad, no es gritar en un salón como si se tratara de una asamblea de méritos laborales: no nos estamos “fajando” por el ticket para un “refrigerador” marca Minsk, ya eso pasó y sobre todo para los que decidimos salir a ver qué clase de oxígeno se respiraba en otros aires. El grifo se abre y sale agua, libre, abundantemente: no es un hilito que trata de sobrevivir al musgo de una acequia de cuartería. Nadie tiene que demostrarle nada a nadie. Sólo hay que escarbar en la memoria, obviar ese largo incidente histórico que ha sumido nuestras vidas en una profunda confusión y cuya única importancia es la de una enfermedad y sus secuelas, y debemos recordar. Debemos recordar que lo cubano es elegancia, simpatía, dulzura, un saber estar, un saber ser, un saber vivir con sencillez y por consideración a los demás saber también aliviar la proyección de un raciocinio más complicado. Debemos recordar y rescatar palabras simples que son más definitorias y perdurables que inflamaciones excelsas que parecen rellenas de sentimentalismo y entrega pero que se desinflan fácilmente al contacto de un alfiler o al acercarle una cerilla. Ya sabemos que la Revolución no hizo otra cosa que repartir la miseria, pero con la miseria económica terminó repartiendo la miseria humana y también su lenguaje de barrio bajo. Obviamente todos queremos vivir mejor, en todo sentido y en todos los sentidos; entonces la reconstrucción de las ruinas debe empezar por la propia ruina humana en que hemos devenido. Lo cubano no es cantar continuamente el himno nacional ni una guaracha o ahora un reggaeton; tampoco hay que interpretar a Lecuona sobre el piano todo el tiempo. Quizás la forma más sencilla, más inteligente, más digna, de ser cubano sea precisamente la de no ser “señalado” como cubano.


©2008, David Lago González

lunes, 12 de mayo de 2008

Mensajes enviados



Todo acontece en dimensiones que cada día me resultan más lejanas y fastidiosas y yo, que nunca fui pionero, de pronto me siento bordeando esa estúpida y falsa impostura de correr como bayameses ante el busto de yeso del glorioso muerto. Aquello ha sido tomado por gendarmes riverenses, pero, mi hermano del alma, sentraña mía y poeta modélico, ya uno no puede aguantar la risa en la fila como cuando era niño y aunque entonces sobreviví (siempre sobreviviendo nada más) a los raúlgonzálezdelcascorro y los efraínmurciegos del terrible turno de la noche eterna, ya no tengo fuerzas para sobrevivir a nada más. Nos ha invadido como una suerte de dirigentes del anap venidos a más, vergonzosa y vergonzante, faltos de dientes y de sentido poético y sobrantes de uno patriótico que yo nunca he sentido. ¿Por qué no puedo ser una persona normal? Presiento como que están a punto de someternos a una analítica de sangre que pruebe la pureza de esos sentimientos inflamados, o no la pureza sino tan sólo la presencia. Si Vicky Baúmba realmente había llegado a cambiar tanto como se lee en esas lamentables entrevistas que le hacían, o si era consciente de la actuación, creo que eso debe haber contribuido en mucho a la formación del cáncer en esa parte del organismo donde la mierda se acumula.
David

sábado, 26 de abril de 2008

La vida en el laboratorio (¿Agotamiento o entrenamiento?

Este texto fue censurado por los editores de La Peregrina Magazine para el número sobre "pensamiento cubano" por considerarlo demasiado "pesimista" (dejo al lector la valoración de esta opinión). La Peregrina Magazine es una revista digital dirigida por mi amiga (y soulmate) Karin Aldrey, a la que pertenezco y con la que colaboro desde prácticamente sus inicios en Marbella, España. No sé si al ostracismo acostumbrado, deba añadir el título nobiliario de "censurado en la otra Cuba", mas, sea lo que fuere, es significativo de que la verdad por lo general no es bien recibida en ninguna parte. Finalmente, el texto fue publicado (y pagado) en la RHC. (Nota del blogger y autor)





Aprendes a moverte por el mundo de la censura sin perder el equilibrio, y tú, desdichado, lo tomas entonces por un juego divertido. A veces te dan palmadas en el hombro por tu “valentía”.

Aun así, no diría que emprendí abiertamente el camino de la rebelión, pues nunca había sido yo un espíritu rebelde; sólo aumentó mi asco. Sí, el asco se encargó del resto. Quien no ha vivido en el mundo de las causas ininteligibles, quien no se ha despertado nunca con el sabor de este asco en la boca, quien no ha sentido nunca cómo se extiende por su organismo y lo domina, por último, esta epidemia de la impotencia universal, no sabe de qué estoy hablando.


Imre Kertesz




Establecer márgenes generacionales para lo que en este texto intentamos dilucidar es algo sumamente difícil. Los números ofrecen una perspectiva demasiado rígida y esa rigidez se adapta mal a la evolución creativa, y también a la propia involución del creador cuando su vida y sus circunstancias, independientemente de las generales, transcurren íntimamente ligadas a su posición y proyección éticas. Vida y obra se encuentran entrelazadas, sobre todo en el caso de los poetas, pues la una y la otra se alimentan entre sí, se reflejan una en otra y casi llega a suceder esa simbiosis que se da caprichosamente entre los perros y sus amos: ambos terminan pareciéndose, si no fusionándose, sin poder determinarse a posteriori quién fue el primero en asemejarse al otro.

Tal vez por eso quizás sería mejor proponer una barrera, una línea divisoria que, aparte de la edad de las partes concurrentes, establezca esa aproximación a la diferenciación que se escapa a lo generacional cuando el creador —y especifico, creador— es un ente que, aún inconsciente o subconscientemente, trata siempre de superponer su albedrío a las reglas de mercado, a las normas de conducta, y/o a los intereses políticos.

En la medida de la obviedad, el año 1980 en Cuba constituye una buena y palpable referencia para establecer diferencias, definiciones y prolongaciones, ya sea de forma general o en el caso particular que nos ocupa. Hay un antes y un después del año 80 con su cascada de acontecimientos limítrofes: trágicos social y físicamente; bochornosos en lo ético-social; ominosos en lo humano, y también reconfortantes; definitorios en el compromiso personal de cada cual consigo mismo. El mes de abril fue nuestra Noche de los Cristales Rotos, por la que desfilaron, con el desorden que caracteriza a esas latitudes, las más bajas pasiones. Incluso, de manera institucional hay muchas cosas que antes de esa fecha eran tratadas de una forma y, después de mayo del 80, pasaron a ser tratadas de otra: por ejemplo, la consideración y correctivo político o delictivo de muchos actos (escapar del país cruzando el estrecho de La Florida, comprar carne de contrabando, hablar mal de la Revolución o de alguno de sus dirigentes, etc.)

Partamos la Revolución a la mitad. En esos primeros 25 años guillotinó muchas maríaantonietas y los bucles quedaron a la deriva, rodando desordenadamente por el suelo. Partió por la mitad muchos conceptos y formas de ser y estar, ideas y gestos en los que habíamos nacido y crecido antes de la Revolución, y que conformaban en nosotros “el fuerte” en el que se apoyaba o se apoyaría lo que luego seríamos, el sustrato del que, de una forma u otra, floreceríamos, o del que floreceríamos en una forma o en la otra.

Una forma era mantener nuestra esencia personal e individual, nuestra libertad a decidir en cualquier aspecto de nuestra vida, nuestra innegable e irrefrenable necesidad de selección y nuestra exigencia por determinar, establecer, fijar, definir –es necesario que los mencione todos, aun cuando resulte cansino y repetitivo–, sentar, adoptar, optar, elegir, tomar e incluso, si podíamos, declarar el YO que había en nosotros, por encima de ese todos, cuba, revolución, pueblo, unidad, antiimperialismo y gran etcétera del colectivismo que nos tragaba, nos anulaba y quería sustituir lo natural del ser humano con la imposición de unos excelsos valores de hojalata, plomo y manual para principiantes. Lo logró: nos tragó. Y después de digerirnos, nos devolvió al exterior. Y somos lo que somos, final de algo que nadie gusta de reconocer, o que alimenta y mantiene a algunos otros.

La otra (forma) era capitular ante el aplastante poder de la fuerza, ante la subyugadora fuerza del poder, y ser brizna arrastrada u ola de esa corriente, llevándonos a nuestro paso cualquier cosa, impedimento o no, que encontramos en el camino. Y ambos, La Revolución y nosotros, lo logramos, cada cual en su medida: ella nos tragó, nosotros nos creímos que nos la habíamos tragado. Y después de digerirnos, nos devolvió al exterior. Y somos lo que somos, y por mucho que nos reciclemos siempre vamos a ser lo que somos.

Quizás hay un punto intermedio entre las exposiciones de los dos párrafos anteriores: el que se lo creyó y/o el que quiso, ha querido y quiere dar la imagen de que se lo creyó. Esta proyección va acompañada de una entelequia: las ideas son puras y no traicionan, son las bocas y las manos las que tuercen estas ideas al ejecutarlas. Pero, no obstante, las ideas las genera el hombre, no son una suerte de milagro. Incluso la Biblia fue escrita por los hombres, no la escribió Dios.

En un estado totalitario y represivo, sutil o brutalmente, lo anteriormente dicho se materializa, pues, en tres clases de individuos: el consecuente consigo mismo, el arribista, y aquel otro que, llevado por el humano afán de subsistir, accede íntimamente a ceder parte de sus convicciones a favor de una proyección pública que lo contradice pero que le resulta tolerable porque puede sobrellevarla con una cierta asepsia. El problema es que el tiempo avanza, los años vuelan y las dictaduras –específicamente aquéllas de las que podemos hablar por haberlas conocido, las comunistas— exigen cada vez más terreno individual a favor suyo. Cuanto más avanzan en el tiempo, más viscosas y enrevesadas, e inteligentes y maquiavélicas, se hacen.

La Revolución Cubana lleva ya medio siglo de vida. Sin duda alguna, en su primera mitad los métodos de convencimiento y atracción fueron más cruelmente sutiles, angelicalmente diabólicos, brutalmente refinados, porque tenían que vencer y convencer a un abanico de pensamiento mucho más amplio. Ya muchos eran hombres formados cuando triunfó la Revolución. La misión de convertir a estos era dura. La misión de convertir a aquellos cuyas ideas recién habían comenzado a brotar de entre su sustrato personal, individual y único, fue, sencillamente, criminal. Jugaban con la infancia, torcían sus manifestaciones, encorsetaban sus libertades, incriminaban sus pensamientos espontáneos. Una buena parte de la población tuvo que buscar sus caminos sometida a estas coyunturas. Para algunos fueron definitivas y los marcaron de por vida, inutilizándolos. En otros actuó como propulsión de una ola de oportunismo que barría todo lo que encontrara a su paso. Entre ambos, están los del montón, los del no pero sí, los del aparentado, los del “hay que vivir”.

Pero en medio siglo hay una segunda mitad. Para los últimos 25 años la Revolución tenía algo ganado: no tenía que lidiar desde el inicio con generaciones que arrastraban reminiscencias propias de otros tiempos distintos. Ya tenía las suyas propias, nacidas después del año 59, más puras o menos contagiadas que las anteriores. Aunque, por muchas revoluciones que sucedan al unísono, no es posible barrer del todo con una ética meramente humana, intrínsicamente histórica, tradicional, prácticamente genética, es lógicamente aceptable, y aceptado es, que nuevos valores éticos se vayan produciendo y sucediendo a lo largo del tiempo. Cuando menos, grandes o pequeñas variaciones. Las proporciones éticas están compuestas por una pequeña isla de objetividad nadando en un océano de subjetividades. Aunque miradas desde fuera, ciertas cosas y actitudes pudieran ser vistas desde una misma perspectiva, es absolutamente admisible que esa óptica no fuera aplicable, no al hacer un zoom sobre el punto, sino a nacer, crecer, vivir y morir en ese punto y desde allí al exterior.

Nos hacemos muchas preguntas sobre la naturaleza humana. Sobre la pureza de esa naturaleza. El condicionamiento existe en todo tiempo y lugar, y cuanto más cerrado y asfixiante es el espacio, más maneras se ingenian para obtener más oxígeno. Pero, ¿todo es válido? ¿Todo es ético? ¿Dónde están los límites? Y ¿cómo probarlos, cómo medirlos? Dudas sobre cómo juzgar a la gente. Los valores éticos han cambiado, eso está claro. Pero ¿podemos afirmar categóricamente que todos los venidos después son oportunistas desalmados? Lo ignoramos, verdaderamente. No sabemos acusar por igual –quizás también porque partimos de una ética--. Tampoco somos todos iguales, salvo en la categoría de la covacha. Tal vez los primeros sufrimos más experimentos, mayor experimentación, mayores errores, y carecíamos de los anticuerpos que los segundos han ido ya generando sobre nuestra experiencia acumulada.

Para unos, la vida en laboratorio ha mermado definitivamente el interés por otra opción vital, cualquiera que ésta sea. Los resultados han sido letales. Si la Revolución cavó la fosa, el agotamiento coloca sobre ellos su pesada losa.

Para otros, la vida comienza a partir de ahora, fuera del laboratorio. Y están prestos a demostrar su capacidad y las habilidades ganadas durante el entrenamiento.

No obstante, debe existir un equilibrio en alguna parte. O, ¿habrá muerto del todo aquello que Martí llamaba “mejoramiento humano”?


© David Lago González, 2007.